viernes, 28 de febrero de 2014

LOS AÑOS PROHIBIDOS DEL CARNAVAL

El régimen que, con el General Franco a la cabeza, llevó las riendas de España durante casi más de cuarenta años, además de desplegar una severa política de control y persecución hacia los calificados como desafectos -anarquistas, comunistas, socialistas...-, tuvo en la vigilancia y control de las calles y plazas de España uno de sus principales focos de atención con el fin de reprimir los intentos de subversión y que, al final y al cabo, nada rebasara el estrecho marco legislativo diseñado a tal efecto por los sucesivos gabinetes del régimen.

Dentro de esta vigilancia, un aspecto que sería férreamente controlado fue el de las festividades. El régimen, teniendo a la Iglesia Católica y su credo como uno de sus pilares doctrinales, promocionará toda una serie de festividades de marcado carácter religioso, sin olvidar por otra parte los pomposos actos de (auto)reafirmación nacional (Día del Caudillo, Fiesta de la Hispanidad...). En el otro extremo, fiestas con un mayor componente popular o lúdico, que no encajaban demasiado en la ortodoxia impuesta y que podían constituir un elemento que dieran pie a posibles acciones subversivas, fueron, cuando no censuradas, estrechamente vigiladas. Como ejemplo concreto, una festividad proscrita por la legislación franquista fue el Carnaval tal y como lo conocemos hoy día. Dicha celebración, teniendo el añadido de poseer raíces paganas -por tanto no encajando dentro de la doctrina Católica, Apostólica y Romana- y suponiendo una posible amenaza para el régimen ya que en su transcurso se podía alterar el orden público mediante críticas, burlas y demás oprobios hacia el dogma que encarnaba el régimen, fue ya suspendida durante los tristes años de la Guerra Civil por orden del naciente aparato político-institucional franquista en atención las circunstancias excepcionales por las que atravesaba el país e indicando que era conveniente "un retraimiento en la exteriorización de las alegrías internas".

Orden suspendiendo las Fiestas de Carnaval. Boletín Oficial del Estado, 05/02/1937.

Una orden que, lejos de derogarse habiendo finalizado la Guerra Civil, se confirmaría por el Ministerio de la Gobernación en enero de 1940, señalando la misma lo siguiente:

Orden resolviendo mantener la prohibición absoluta de la celebración de las fiestas del Carnaval. Boletín Oficial del Estado, 13/01/1940.


Así pues, durante la menesterosa década de 1940, carnaval y prohibición siguieron siendo dos términos que fueron de la mano. Nada mejor para verificar tal afirmación que fijarse en un bando de 1944 perfectamente válido para comprobar la estrecha vigilancia a la que estaba sometida tal fiesta en los diferentes pueblos -y ciudades- de España. El bando en cuestión fue dado a los vecinos de Tornavacas el 19 de febrero del citado año y decía así:

"De orden del Señor Alcalde y en cumplimiento de disposiciones superiores, se hace saber al vecindario en general, que queda rigurosamente prohibidas las fiestas de Carnaval, no permitiéndose por ningún concepto, el revestirse ni hacer uso de disfraz alguno; quedando asímismo prohibida toda clase de espectáculos y demás clases de diversiones que revistan caracter de tal fiesta".

Bando prohibiendo terminantemente la celebración del Carnaval. Tornavacas, 19 de febrero de 1944.

Como bien señala el documento mostrado, la prohibición del Carnaval no era decisión del Alcalde de un determinado pueblo, en este caso de Tornavacas, sino que éste era el encargado de hacer llegar una orden que emanaba de instancias de poder superiores y velar por su cumplimiento entre el vecindario. En la provincia cacereña, como sucedía en las demás de España, era el gobernador civil el encargado de trasladar a los diferentes municipios las órdenes dictadas desde Madrid. Por aquel entonces, en 1944, año marcado por un turbulento contexto europeo y mundial debido a la II Guerra Mundial, el cargo de gobernador era desempeñado en Cáceres por Luciano López Hidalgo, militar pacense y personaje histórico que, a nivel provincial, hemos tratado en uno de nuestros trabajos de investigación.

Volviendo al tema que aquí nos ocupa, no obstante, pese a este veto legal y al celo por parte de las autoridades cuando se aproximaba la fecha, el Carnaval no dejó de estar presente en sus grandes feudos como Cádiz o Santa Cruz de Tenerife; eso sí, disfrazado bajo el nombre de "Fiestas de Invierno" y soportando una censura que poco margen dejaba a la espontaneidad en las vías públicas. En el mundo rural, con el paso de los años, el ánimo festivo poco a poco fue sorteando la prohibición legal y no fue extraño que durante la celebración de Don Carnal se entonaran una serie de canciones o coplillas y que las máscaras, sigilosamente, fueran haciendo su aparición en el espacio público -ya que sí eran usuales en "fiestas privadas", en sitio cerrado-, aunque sin llegar a exteriorizar demasiado esas "alegrías internas" a las que hacía referencia la orden emitida en plena Guerra Civil. Muestra de lo anterior son las canciones de Carnaval que se cantaban en diversos pueblos durante sus "años prohibidos". Por ejemplo, en el caso del Valle del Jerte, mozos, mozas, e incluso personas ya entradas en edad, recorrían sus calles entonando coplillas. En pueblos como Tornavacas o Piornal, entre otros, se cantaba lo que sigue:

Por la otra el agua viene,
por esta calle va el agua,
por la otra el agua viene,
cuando las aguas se juntan,
qué será los que se quieren,
qué será los que se quieren,
por esta calle va el agua. 

La feria de las mujeres,
ya vienen los carnavales,
la feria de las mujeres,
la que no la salga novio
que aguarde al año que viene,
que aguarde al año que viene,
la feria de las mujeres. 


 Máscara de Carnaval. Usual en las "fiestas privadas" o en los famosos bailes de máscaras.

La modernización de la sociedad y de las costumbres, junto a una mayor dosis de tolerancia por parte de las autoridades, hizo que la faz del Carnaval fuera cambiando poco a poco hasta empezar a tener similitudes, a grandes rasgos, a cómo lo conocemos hoy. En la segunda mitad de 1960 y sobre todo durante la década de los 70, el Carnaval, junto a su carácter de fiesta alegre, desenfadada y gamberra -en el buen sentido de la palabra-, fue desbordando esas calles y plazas que no muchos años atrás habían sido vigiladas de cerca. Para aquel entonces, el entierro de la sardina, la famosa gitanería o el correteo por las calles de los pueblos de los quintos que marcharían al servicio militar, dejaron de ser una excepción para pasar a ser una serie de acontecimientos fijos de un Carnaval que, progresivamente, iba siendo más colorido en todos sus sentidos.

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Nota: La idea de insertar una canción de Carnaval así como la imagen de la máscara, pertenece a Justi Martín González.

Un repertorio más amplio del cancionero popular de Carnaval: Un piornalego en la red. Tesis Folklore musical de Piornal. Letras Canciones de Carnaval.

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