martes, 1 de noviembre de 2022

HISTORIAS DE TORNAVACAS (IV): LOS ANTIGUOS CEMENTERIOS DE TORNAVACAS

    Tornavacas, por fortuna, es un pueblo con unas tradiciones muy arraigadas y apreciadas por sus habitantes. Una de ellas, tiene que ver con honrar y recordar a sus difuntos: el toque de ánimas, una tradición centenaria que se sigue manteniendo en la actualidad, día tras día, y que es un recuerdo muy vivo de la ya desaparecida Cofradía de Ánimas, que, en siglos pasados, desempeñó una importante función para los difuntos y sus familiares.

    Con motivo de la festividad de los Fieles Difuntos que, acorde al calendario litúrgico, se celebra cada 2 de noviembre, hoy vamos a dedicar unas líneas a hablar de los antiguos cementerios de Tornavacas

    Teniendo en cuenta que Tornavacas es el pueblo con la Historia más extensa de toda la comarca del Valle del Jerte, este relato comienza en el siglo XIII, cuando ya tenemos constancia de que la Iglesia estaba construida. A su alrededor, en la actual Plaza de la Iglesia, estuvo el primer cementerio, el cual funcionó desde este siglo XIII hasta finales del siglo XVIII, es decir, algo más de 500 años. El espacio que es hoy Plaza de la Iglesia, durante estos siglos, estaba ocupado por un atrio de enormes dimensiones, que fue reducido en 1917 y eliminado definitivamente en 1968. En este espacio y en su alrededor más inmediato, es donde se llevaba a cabo el enterramiento de los difuntos. Durante estos siglos de la Edad Media y Moderna, se consideraba que había que tener a los muertos cerca de los vivos y cerca también de la casa de Dios, que es la Iglesia. De este primer cementerio tornavaqueño no queda resto material alguno, pero testimonios de paisanos cuentan que cuando se ha hecho alguna obra en la que se ha tenido que mover grandes cantidades de tierra (especialmente cuando se puso el alcantarillado o se han realizado obras para los desagües), han aparecido restos óseos de los cadáveres enterrados en este primer cementerio. Los enterramientos aquí realizados eran muy diferentes a los que conocemos en la actualidad. Una simple cruz de madera señalaba el lugar en donde había sido enterrado el cuerpo, al que antes se le solía "amortajar" con un sudario blanco o, con menor frecuencia, introducirlo en un sencillo ataúd de madera.

La línea roja indica las dimensiones del atrio antiguo

    A finales del siglo XVIII (década de 1790, aproximadamente) se decidió trasladar el cementerio a un lugar más alejado del centro de la villa. Las razones fueron variadas. Tornavacas había crecido a lo largo de las décadas comprendidas entre 1720 y 1760, tanto en construcciones como en población. Además, durante el reinado de Carlos III, se publicó una Real Cédula (1787), por la que se ordenaba sacar los cementerios de los centros de las poblaciones, pues eran lugares que influían negativamente en la salud pública (olores, animales que escarbaban en las sepulturas...)  y también suponían focos de enfermedades o epidemias (de ahí que muchas construcciones, tanto en su interior como en su exterior, estuvieran encaladas, pues la cal servía para proteger a los edificios y, sobre todo, a los que permanecían en su interior). También hay que tener en cuenta que poco a poco fue apareciendo una nueva mentalidad que iría difundiéndose en las décadas posteriores hasta llegar a ser la dominante a día de hoy: alejar a la muerte de la vida cotidiana (de ahí que los actuales cementerios y los tanatorios, en donde ya prácticamente todo el mundo vela a sus difuntos, sean espacios que están retirados de los núcleos de población).

Plano de Tornavacas (1798)

    Pero volvamos a nuestro relato. ¿Dónde se decidió trasladar el cementerio que hasta entonces había estado en la Plaza de la Iglesia? El nuevo emplazamiento elegido fue la actual Plaza de El Pilón, una zona que por aquel entonces (finales del siglo XVIII, recordemos) estaba retirada de las viviendas. Y aquí estuvo en funcionamiento ese segundo cementerio tornavaqueño hasta los últimos años del siglo XIX (1892), cuando se plantea la necesidad de reubicarlo en un nuevo espacio, al actual sitio de las Espozas, pues, en donde estaba, se estaba quedando pequeño -los enterramientos comenzaban a ocupar más espacio que en épocas pasadas- y en pocos años iba a tener construcciones muy cerca. Para conocer más detalles de este cementerio de El Pilón, es interesante la información que aparece en las Actas de pleno municipales, en la sesión del 31 de julio de 1910:

"la apertura del nuevo cementerio al sitio de las Espozas y clausura del viejo al sitio del Pilón, tuvieron lugar [el] 29 de mayo de 1892, desde cuya época hasta la fecha han transcurrido diez y ocho años y dos meses verificándose desde entonces todos los enterramientos en el nuevo cementerio y ninguna inhumación en el viejo mencionado".

    El Ayuntamiento de Tornavacas, estando ya en funcionamiento el nuevo cementerio de las Espozas desde 1892, en donde se construyó también la capilla hoy existente, planteaba la necesidad "de la traslación de los restos mortales existentes en el viejo cementerio clausurado al sitio apropiado", pues el viejo cementerio del Pilón se encontraba ya en mal estado, especificando que:

"dado el mal estado en que se encuentran las paredes del viejo cementerio, la broza y maleza que en el mismo se ha desarrollado, constituyendo las reparaciones y cuidados de él un gravamen para el Municipio a la vez que la posibilidad de focos de infección para el vecindario por estar tan inmediato a éste".

    Tras esta exposición de motivos, desde el Ayuntamiento se señalaba la conveniencia del traslado de los restos mortales y de la eliminación total del viejo cementerio de El Pilón. Se indicaba, en lo que respecta al traslado de los restos, que esta sería "una operación fácil por tratarse de una monda y limpia en que solamente pueden hallarse huesos enteramente secos y que con ello no se perjudica a la higiene pública". Además, reforzaba esta opción el hecho de que en el viejo cementerio no existían "panteones, nichos, losas, lápidas, ni ningún derecho adquirido que con ello se relacione". En lo referente a la eliminación total del viejo cementerio de El Pilón, que aún existía en 1910 pero sin realizarse ya enterramientos en él desde 1892, el Ayuntamiento defendía esta decisión basándose en los siguientes argumentos: 

"la Corporación estima beneficioso para los intereses locales al intento de mejorar las condiciones de urbanización y salubridad en la parte de la población que limita junto al cementerio viejo, que una vez que se haya obtenido la autorización para la limpia y monda y traslado de los restos mortales al nuevo y esto verificado, se pueda destinar el perímetro que aquel ocupa a la edificación, como solar, aprovechable y sobrante de la vía pública, para hermosear u hacer más sano e higiénico el sitio en que se halla enclavado y sus alrededores".

    Así pues, en este mismo año de 1910 se inició el expediente y el proceso para trasladar los restos mortales aún existentes en el viejo cementerio municipal situado en "El Pilón" al nuevo que se había habilitado en la zona de "las Espozas". Esta operación, que tuvo que contar con la autorización tanto del Gobierno Civil como del Obispado, se inició en el citado año de 1910 y las labores de traslado de restos y limpieza del viejo cementerio municipal se extendieron hasta 1913, tal y como consta en el expediente que se encuentra en nuestro Archivo Municipal y cuya portada se muestra a continuación.

Expediente de traslado del cementerio. Archivo Municipal de Tornavacas.

    Así pues, el actual cementerio que todos conocemos y que, por estas fechas, presenta una concurrida asistencia, lleva ya siendo algo más de un siglo el lugar de reposo eterno de nuestros difuntos. Y también tiene historias dignas de contar relacionadas con la pequeña casa que hay detrás de la capilla, con la cruz de piedra que existe en su parte central o con las lápidas más antiguas del mismo, entre otras. Pero esas ya las dejamos para otra ocasión.

Ubicación del actual cementerio de Tornavacas. Octubre de 2022.



sábado, 1 de octubre de 2022

HISTORIAS DE TORNAVACAS (III): LOS AÑOS DEL WOLFRAMIO

Tiempos duros, de escasez y muy diferentes a la realidad en la que vivimos hoy día. Así se podría definir la situación de la mayor parte de la España rural de las décadas de 1940 y gran parte de 1950, marcadas por el hambre y la escasez que se venían arrastrando desde la Guerra Civil. La España rural, en general, era una zona en condiciones muy precarias y en la que cualquier actividad económica bastaba para escapar del hambre que tantos estragos causó en aquellos años. 

Dentro del abanico de posibilidades, una actividad que alcanzó gran importancia en zonas concretas de España fue la extracción de wolframio, mineral con una amplia demanda en un tiempo muy determinado.

El wólfram, y más aún las personas y entidades encargadas de su explotación, fue el gran beneficiado de la II Guerra Mundial (1939-1945), conflicto que hizo temblar los cimientos de Europa, debido al espectacular aumento de su precio. La Alemania nazi, con Hitler a la cabeza, y las potencias aliadas -Reino Unido o la Unión Soviética, entre otras- se disputaban el control de las reservas de este preciado mineral. En el caso de Extremadura, y más concretamente en el norte de la provincia de Cáceres, basta decir que gran parte de la producción sirvió de alimento para la maquinaria de guerra con la exportación de wolframio para la construcción de blindados, cañones o munición pesada. Explotaciones como las de Acebo o Valverde del Fresno tuvieron un papel muy importante durante este período. De esta manera, Franco puso a disposición de Hitler gran parte de las explotaciones de wolframio españolas y, de paso, el Estado recibió ingresos nada despreciables en una época en donde el régimen practicaba una economía de autosuficiencia -autarquía-. Además, el mineral fue declarado de interés militar, lo que blindaba su control por parte del Estado. 

Tornavacas se subió al carro de la explotación de este mineral unos años después de haber finalizado la Segunda Guerra Mundial. Eran años de escasez, de falta de recursos, en donde no existía un sustento económico estable, tal y como hoy en día ocurre con la agricultura. De este modo, la “fiebre” del wólfram llegaría a Tornavacas a finales de la década de 1940, pues en el año 1948 ya se empezó a extrarer dicho mineral. Su importancia crecería en los años siguientes (comienzos de la década de 1950), coyuntura en donde su precio se vio incrementando de nuevo coincidiendo con el desarrollo de otro conflicto bélico: la Guerra de Corea (1951-1953). Desde finales de la década de 1940, se concedieron decenas de permisos de investigación en diversos parajes del municipio para comprobar si existía este preciado mineral, llevándose a cabo catas sobre el terreno (cortes en las piedras o pequeñas perforaciones). La producción más destacada comenzó a partir del año de 1950 y se centró en tres lugares concretos: en la mina de Santa Ana (a escasos 500 metros del Puerto de Tornavacas; era la mina mejor equipada de todas y en donde, desgraciadamente, perdió la vida un paisano), en la de "Marisol" (comúnmente conocida como "Mirasol", cercana al nacimiento del río Jerte) y en la del Tejadillo (situada en esta amplia dehesa de las sierras de Tornavacas). De todas ellas, sobresalió la extracción de wolframio en la de "Marisol", llegándose a alcanzar una producción de algo más de 7.500 kg. anuales en 1952.

Antiguas instalaciones de la mina de Santa Ana

Interior de una de las galerías de la mina Marisol

Mina del Tejadillo

Escombrera de la mina del Tejadillo

Wolfamio extraído de la mina Marisol (abril de 1952).
Enviado a Tejares (Salamanca) para
su procesamiento

Además de estas minas, que en realidad eran, en su mayoría, simples galerías excavadas sobre la roca, existieron decenas de pequeños puntos en donde los tornavaqueños llevaron a cabo pequeños cortes para extraer el mineral (Sillares, zona alta de Becedas, alrededores del Puerto...). Tampoco faltó el contrabando –el famoso estraperlo, una especie de “mercado negro” en donde el mineral se pagaba a un precio más elevado. Testimonios orales de tornavaqueños que les tocó vivir esta época, cuentan que, en el alto del Puerto, en varias ocasiones se llegaron a juntar más de un centenar de paisanos para salir en pequeños grupos a la búsqueda del mineral, siempre con el temor de ser localizados por la Guardia Civil, pues el contrabando de wolframio estaba duramente castigado por la ley. Una vez extraído el mineral, a la espera de ser comprado por personas de fuera que directamente venían a Tornavacas a por él, era escondido en casas particulares del pueblo para evitar ser descubierto por las autoridades.
 
La minería de wólfram en Tornavacas, teniendo sus años dorados entre 1950 y 1955, fue a menos durante la década de 1960 y tocó fondo en la los 70, datando del año 1974 los últimos permisos de investigación para reactivar la producción. Pero ya eran otros tiempos: por un lado, el Valle del Jerte, poco a poco, iba ofreciendo más posibilidades de sustento económico como, por ejemplo, con la generalización del cultivo de la cereza; por otra parte, la emigración disminuyó la mano de obra disponible, a lo que hay que sumar el bajo precio de un mineral que había sido tremendamente importante en los primeros años del régimen franquista.

No podemos cerrar estas líneas sin hacer un sencillo homenaje, desde las palabras, a todos los paisanos que les tocó vivir en este tiempo de sacrificios, penurias y trabajo de sol a sol. A ellos les debemos el bienestar del que hoy disfrutamos. A ellos les debemos todo. Sin ellos, no seríamos nada. También es de justicia reconocer la iniciativa que tuvo el Grupo de Montaña y Senderismo de Tornavacas en el año 2013, al dedicar la VI Semana de la Montaña Extremeña a sacar del olvido este tema, dando voz a los verdaderos protagonistas de esta historia: aquellos que la vivieron.

De izquierda a derecha: Teófilo Sánchez, Florentino Marcos y Francisco Sánchez. Tornavacas, 27/04/2013

NOTA: El contenido aquí desarrollado es parte de un trabajo mucho más amplio que verá la luz en 2023. Seguiremos informando.

miércoles, 31 de agosto de 2022

PARTICIPACIÓN EN LOS LI COLOQUIOS HISTÓRICOS DE EXTREMADURA

Del 19 al 25 del de septiembre se celebran en Trujillo los Coloquios Históricos de Extremadura. En esta edición, la LI, participo con la ponencia "La guerrilla carlista de don Santiago Sánchez de León y su actividad en el norte extremeño (1835-1838)", la cual está programada para el jueves 22 a las 18:35 h. 


Resumen de la ponencia
 

El presente trabajo aborda la figura del guerrillero carlista don Santiago Sánchez de León y su actuación durante la Primera Guerra carlista (1833-1840). Militar ya experimentado cuando estalló esta guerra civil que enfrentó a carlistas e isabelinos, su actividad en favor de don Carlos la inició en 1835, convirtiéndose, a partir de este año, en uno de los guerrilleros más destacados –y perseguidos– del norte de Extremadura, hasta que se produjo su captura y muerte en junio de 1838.

Cartel anunciador de la LI edición de los Coloquios Históricos de Extremadura     
 

Programa completo del jueves 22 de septiembre de 2022

JUEVES, 22 DE SEPTIEMBRE DE 2022
    Moderador: D. Jesús Barbero Mateos


16:45 Guadalupe PÉREZ ORTIZ, Rocío PÉREZ ORTIZ y Francisco
GONZÁLEZ LOZANO
El Seminario Metropolitano San Atón de Badajoz, receptor de alumnos extranjeros: análisis del alumnado a través de su archivo.


17:10 Sonia LÓPEZ ORTIZ y Desirée REQUENA SUÁREZ
El fondo musical de la Catedral de Badajoz: Análisis y catalogación de los libros de canto llano.


17:35 Alicia BARBERO CUESTA y Jesús BARBERO MATEOS
Mujer e impulso de la escuela rural en Extremadura.
Visión de un secular e intolerable silencio a través del caso de Serradilla.


(18:00- 18:10) Receso


18:10 Álvaro VÁZQUEZ CABRERA
El patrimonio monumental trujillano a principios del s. XX: Trujillo en el Catálogo
Monumental de Cáceres


18:35 Juan Pedro RECIO CUESTA
La guerrilla carlista de don Santiago Sánchez de León y su actividad en el norte
extremeño (1835-1838)


19:00 Presentación, a cargo de Dña. Matilde Muro Castillo, del libro
“CARMEN ORTUETA DE SALAS Y EL PATRIMONIO
HISTÓRICO ESPAÑOL”
Autor: Mervyn Samuel

Más información en:

Página web de los Coloquios Históricos de Extremadura

Cerca de 40 trabajos darán forma a los Coloquios Históricos (noticia en el periódico HOY)

 

lunes, 1 de agosto de 2022

SANTIAGO SÁNCHEZ DE LEÓN. UN AVANCE DE SU BIOGRAFÍA.

SANTIAGO SÁNCHEZ DE LEÓN ("SANTIAGO LEÓN") (1790-1838), MILITAR DEL VALLE DEL JERTE. UN AVANCE DE SU BIOGRAFÍA.

Siete años de trabajo, siete archivos visitados (municipales, provinciales, regionales y nacionales) y centenares de revistas consultadas y, por fin, queda finalizada la biografía de Santiago Sánchez de León (1790-1838), cuya publicación tendrá lugar en septiembre de 2022.

Detrás de Santiago León, como es conocido popularmente en el valle, hay un militar con una amplia trayectoria, hijo del tiempo y de las circunstancias en las que le tocó vivir. Nacido en Cabezuela en 1790, con 18 años (1808) se alistó voluntariamente en el Ejército español para combatir a las tropas napoleónicas durante la Guerra de la Independencia. Tras la finalización de la misma, fue partidario, siempre, de la figura del Rey Fernando VII y, por tanto, contrario al sistema que defendía el entonces naciente liberalismo político. Durante el Trienio Liberal (1820-1823), combatió a los liberales y ya se consolidó, por sus acciones, como un militar destacado. Nada más y nada menos que logró arrebatar Plasencia a los liberales y participó en importantes campañas militares en diversas zonas de Extremadura. A la muerte de Fernando VII (1833), su posicionamiento no se hizo esperar: defendió los derechos al trono del infante don Carlos María Isidro (hermano de Fernando VII) frente a los de la futura Isabel II. Estalló entonces la Primera Guerra carlista (1833-1840) y desde 1835 hasta 1838, Sánchez de León se convirtió en uno de los jefes guerrilleros carlistas más destacados que logró poner en jaque, en sucesivas ocasiones, a las autoridades isabelinas, tanto extremeñas (tierras de Plasencia, Valle del Jerte o la Vera) como castellanas (comarca del Barco de Ávila, Béjar o Piedrahita). 

Firma de Santiago Sánchez de León
 

El 23 de junio de 1838 se produjo su captura en las sierras de Tornavacas y un día después su cuerpo recibió sepultura en Jerte. Con su muerte, se acabó no solo con un simple jefe de guerrilla que había proclamado lealtad de la persona de don Carlos, sino que se acabó con un militar que, por su recorrido y sus acciones, tiene ya un puesto de honor dentro de los personajes ilustres de la comarca del Valle del Jerte.

Señal que indica el refugio utilizado por Sánchez de León durante su etapa carlista


 

domingo, 24 de abril de 2022

CONTRIBUCIÓN EN LA REVISTA DE CAMAÑERO (Nº4) DEL AÑO 2021

Los carlistas en Las Villuercas (1833-1840) y la Real Academia Militar de Guadalupe (1836-1838)

Artículo de divulgación publicado en la Revista de Cañamero (nº4, 2021) sobre la Primera Guerra carlista (1833-1840) en la comarca de Las Villuercas y sobre la Real Academia Militar de Guadalupe, creada por los carlistas y que estuvo en funcionamiento entre 1836 y 1838.

Puede leerse a continuación: https://www.academia.edu/77441688/Los_carlistas_en_Las_Villuercas_1833_1840_y_la_Real_Academia_Militar_de_Guadalupe_1836_1838_