El cerezo es, a día de hoy, el motor económico indiscutible del Valle del Jerte. Prácticamente todo gira en torno a él y centenares de familias, de manera directa o indirecta, viven de su fruto: la cereza.
Si bien la apuesta decidida por su monocultivo -entendido este no como un cultivo único ni exclusivo pero sí predominante- se inició en los años 60 del pasado siglo XX -década que protagoniza esta nueva entrada-, hemos de decir que este árbol frutal tiene una larga trayectoria histórica en esta comarca del norte extremeño, pues numerosas son las referencias documentadas, de tiempos medievales y de la Edad Moderna, que nos indican que el cerezo ya lleva siglos en el valle. Y de decenas de ellas hablaremos en un estudio que pronto verá la luz, en el que confirmamos que la cereza no es solamente una seña de identidad actual del valle, sino una fruta con un gran arraigo histórico.
Pero volvamos al asunto principal que nos ocupará en esta nueva entrada. Para situarnos y para comprender lo que en ella vamos a desarrollar, debemos indicar que, hasta bien entrado el siglo XX, la economía del conjunto de los pueblos del valle se ha basado en una agricultura de policultivo (vid, olivo, castaña, patatas, cereal...) acompañada de una importante cabaña ganadera, en la que también han tenido importancia otras actividades (pequeñas industrias como batanes, molinos o diversos tipos de fábricas relacionadas con materias primas aquí abundantes).
Y para entender cómo se llega al que, sin duda, es el momento clave en el que se produjo la apuesta decidida por el monocultivo del cerezo en el valle, debemos indicar que fue en las últimas décadas del siglo XIX y en las primeras del siglo XX cuando el este árbol comenzó a tener un mayor protagonismo en la economía de muchos de sus pueblos. En una entrada anterior ya quedamos recogidos una serie de datos que así lo demuestran. Por ejemplo, en una referencia del año de 1904 ya se indicaba la importancia que la cereza comenzaba a tener en la economía de los cuatro pueblos situados junto al río Jerte. En otra, ya de 1931, se decía que la cereza era un fruto que "dejaba muchos miles de duros" al vecindario de la comarca. Y ya en plena Guerra Civil (1937), en Navaconcejo y por iniciativa de la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos, organización dependiente de Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S., se puso en marcha la primera experiencia cooperativa para comercializar la cereza. En esta creciente importancia de esta fruta en la economía de algunos de los pueblos del valle (especialmente en los situados junto al río), fue fundamental disponer ya de una vía de comunicación que fuera apta para su transporte hacia Plasencia o hacia otros puntos cercanos: la carretera de Plasencia a El Barco de Ávila, que a principios de la década de 1910 ya estaba prácticamente construida en todo su tramo correspondiente al valle.
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| Memoria sobre el funcionamiento del almacén sindical de ventas de frutas situado en Navaconcejo. Impresa por la Tipografía Generoso Montero de Plasencia en 1939. |
Ya en la década de 1960, hace ya algo más de medio siglo, fue cuando se apostó decidida y definitivamente por el monocultivo del cerezo, teniendo lugar el proceso por el cual este árbol frutal se convirtió, de manera progresiva pero en pocos años, en el cultivo predominante en el valle, que no el único ni el exclusivo. A lo largo de esta década, se fue ampliando el terreno dedicado al cultivo de este árbol, rozándose muchos prados en donde hasta entonces había ganado, convirtiendo antiguos castañares en nuevas plantaciones de cerezos, que también se empezaron a plantar en espacios de monte. En los años 60, por tanto, comenzó a fraguarse el actual paisaje cultural del Valle del Jerte, aumentándose considerablemente el espacio dedicado al cultivo de este árbol, que fue a más en las décadas posteriores. Además, en la mayoría de sus pueblos, también en esta década de los 60 comenzaron a aparecer almacenes y cooperativas para recoger y comercializar esta fruta.
Procedentes de esta década, en la que ya se iban dejando atrás los años más difíciles de la larga posguerra y en la que la economía del conjunto de España ya se encontraba en una situación de mayor dinamismo, contamos con abundantes testimonios de interés que nos hablan de esa apuesta decidida que los habitantes del Jerte hicieron por el cultivo del cerezo.
Para no extendernos demasiado, vamos a analizar algunas de estas numerosas referencias aparecidas en prensa y en otro tipo de documentación de interés, que nos hablan de la importancia que ya estaba adquiriendo la cereza en la economía del valle.
Así, por ejemplo, en junio de 1961 (Diario HOY, 09/06/1961), en la crónica que narra una serie de reuniones de trabajo mantenidas por parte de autoridades de algunos pueblos del valle con el Gobernador Civil de la provincia de Cáceres y Jefe Provincial del Movimiento, don José Ramón Herrero Fontana, se decía que:
"En lo económico, el Valle está familiarizado con la exportación de sus productos, principalmente las cerezas, que en una mañana auténticamente primaveral, que se tornará más tarde en calurosa, nos daban, en auténticos racimos, el primer saludo. Nos informan que en el presente año la producción de cerezas fue extraordinaria, y que las últimas lluvias han producido una gran merma en la principal fuente de ingresos de todos sus habitantes.
El Valle, y especialmente Navaconcejo, Cabezuela del Valle, Tornavacas y Jerte exportan la mayor parte de su producción a Sevilla y Madrid. Actualmente, nuevos mercados se han abierto con la salida de este producto para importantes fábricas de conservas, y lo más selecto de ello ya ha comenzado a enviarse a Inglaterra, Alemania, Bélgica y Francia"
Y ante uno de los problemas que actualmente siguen aquejando a la cereza (las pérdidas producidas por la lluvia), los representantes de Tornavacas (su Alcalde Emilio Buenadicha Núñez y Saturnino Domínguez Armella, Jefe de la Hermandad Sindical) ya entonces señalaban:
"la conveniencia e incluso gran necesidad de constitución de una Cooperativa comarcal para el fruto de la cereza, pues en los años lluviosos, como el actual, sufren grandes pérdidas, causando graves perjuicios a la economía de los productores, en su mayoría pequeños labradores autónomos, haciendo constar que en esta temporada y hasta la fecha, en el término de Tornavacas, han quedado inservibles para el mercado más de setecientos mil kilos de cereza, que a un precio de cinco pesetas da una pérdida de más de tres millones y medio de pesetas. Todo ello se evitaría estudiando la posibilidad del montaje de una fábrica de conservas, licor, etcétera"
Un año después, en mayo de 1962, Isabel Alía Pazos, farmacéutica de Jerte, autora de varios escritos dedicados al Jerte y habitual colaboradora en el Diario HOY durante varios años, nos relataba cómo en aquella localidad la cerecera marcaba el ritmo de los días (Diario HOY, 16/05/1962). Decía lo siguiente:
"Ya han empezado a circular por el valle precursores del veraneo. ¿Qué quiénes son? Hombre, pues ya se sabe, los camiones que vienen de Madrid con los envases de la fruta vacíos y que ya hace pocos días han empezado a pasar hacia la villa y corte a un camión por día con la cosecha de cerezas tempranas primorosamente envasada para ser puesta a la venta en el mercado central.
Las cotizaciones han sido buenas, a 30 y 35 pesetas kilogramo.
De las clases llamadas de "Lucinio" y de "Aragón", se dice que han quedado pocas y de las demás muy desigual, es decir, por unos sitios bien y por otros sitios menos bien, pero en general no está mal la cosecha presentada.
En Jerte el día 11 de mayo salió el primer camión por cuenta de la Cooperativa.
Y ya se acabaron por la temporada de recolección de cerezas, la cerecera que se dice por el Valle, las siestas y el dormir por las mañanas temprano, ya que a las tres de la madrugada se empieza a sentir llamar a las puertas para salir al cerezal. La cereza es fruta delicada que requiere especiales cuidados para su recolección y recogida. Se oye por el pueblo a esas horas el holgorio de las cuadrillas que salen al trabajo y luego por la mañana, entre once y una del mediodía, regresan los camiones con los envases vacíos, camiones que se cargan con las frutas ya envasadas que van trayendo de los cerezales y es mientras la siesta todo este trajín y entre estos y los que vienen ya cargados de los demás pueblos del Valle, se forma gran algarabía; hay días que por Jerte pasan treinta camiones cargados con cerezas, y lo corriente son los veinte"
Tres años después, en mayo de 1965, también resultan de interés las líneas escritas por la misma Isabel Alía Pazos (Diario HOY, 20/05/1965) que nos hablan del evento clave que ya entonces representaba la cerecera en la vida cotidiana de los jerteños:
"Ya se está en la recolección de las cerezas. Hace días salieron para Madrid camiones con el cargamento de envases llenos del rojo fruto.
Las que se enviaron el primer día, llegaron a valer a 40 pesetas kilogramo; se ha continuado el envío y ya se está sosteniendo el mercado entre las 21, 20 y 18 pesetas kilo.
Hay menos cosecha de lo que se creyó debido a la sequía y a los aires de abril. Estas primeras cerezas, aunque bien cotizadas, son las peores, se cotizan más por novedad y por que apenas si tienen competencia de otros frutos; las clases buenas son las jarandillanas, pico de limón, picotas, mollares y tardías.
Han empezado a celebrarse bodas en el Valle para así, en la recolección de las cerezas, aunar esfuerzos los esposos con lo que ambos ganen.
Los hombres circulan por las calles con envases de frutas, se habla en todas partes de lo mismo, es decir, cotizaciones de fruta, cheques, asentadores y todo es afán.
Sería cosa que se tomara en cuenta por quien pueda hacerlo, poner una fábrica de envases en el Valle y que se hicieran los envases de uno y dos kilos y hasta los cinco; esta forma de envases es más cómodo para el transporte y al despacharlas se evita el manoseo de la fruta para para despacharla y, por tanto, se estropea menos; la cereza es fruta delicada y se la quita brillo al tocarla tanto, y estos envases más pequeños que los que ahora se usan, son muy acomodados para familias o amas de casa, que sólo precisan unos pocos kilogramos para la necesidad doméstica; podían envasarse o entre helechos o entre papel celofán y con buena presentación y así se despachaban antes en las fruterías y sin tocar la fruta para nada"
Ya en 1968, es interesante una nueva crónica de la misma autora (Diario HOY, 09/02/1968) en la que comprobamos cómo el cultivo del cerezo iba siendo cada vez más importante en la economía comarcal. Aun siendo invierno, ya se tenía la vista puesta en la próxima campaña cerecera y de ella se decía lo siguiente:
"Ya se habla de la próxima cosecha de cerezas y aún están florecidos los árboles; es que se temía viniera con adelanto la cosecha. Siendo temprana la cereza hay la ventaja de que en los mercados no se encuentra con la competencia de otros frutos y entonces se vende bien; pero tiene la contrapartida de las heladas tardías o las lluvias de mayo, que las estropean, como ocurrió el año pasado, que a Jerte le costó mucho dinero por haber en tal pueblo abundancia de árboles tempranos. El pueblo que menos lo sintió fue Tornavacas, que solo tiene algunos cerezos tempranos en los linderos con Jerte, y en el Valle bajo compensaron las pérdidas de las tempranas con la abundancia de cosecha de las de medio tiempo y tardías, de las que hay muchas en Cabezuela y Navaconcejo.
Las Casas del Castañar, el Cabrero y Valdastillas también tienen abundancia de cerezos y sacan una cosecha muy lúcida.
Por Cabezuela y Navaconcejo y en general en todo el Valle, se están poniendo muchos cerezos nuevos en fincas que hasta ahora eran prados o tenían otra clase de árboles. Y es que la cereza es "coqueta" y atrae, porque al fin no se está pendiente de ella más que desde marzo, que empiezan a florecer los cerezos, hasta que se termina la recolección a finales de julio. En cambio, el olivo o la vid hay que estar todo el año pendientes de ellos"
En 1969, cuando nuestros antepasados ya se habían volcado prácticamente de lleno en el cultivo de la cereza, ya existían algunas de las preocupaciones que también siguen acechando actual y permanentemente a los cerezos del Jerte: epidemias y plagas. En este año, nos detenemos en varias referencias por el interés de la información que contienen al respecto.
A finales del mes de mayo (Diario HOY, 30/05/1969), la cronista jerteña Isabel Alía ofrecía una descripción del estado en el que se encontraban los cerezos, que también es muy interesante porque la misma nos ayuda a conocer, de primera mano, cómo fue la progresiva expansión de este árbol desde principios del siglo XX. El artículo "Peligran nuestros cerezos", decía así:
"Sigue mayo con sus abundantes lluvias y además nevando en las cumbres de la sierra, de la parte de la solana; hay nieve reciente en los picos de la dehesa Nijarra.
Así que de las cerezas tardías se lograrán pocas y de las tempranas, que había presentada buena cosecha, se están rajando en agraz.
Los hombres están sin hacer nada en los sitios claves de estos pueblos, con paciencia y filosofía.
Y no es lo malo que se estropee parte de la cosecha de este año, alguna quedará por muchas que se deterioren; casi todos los años, poco más o menos, pasa algo parecido a este año. Lo peor es la enfermedad que han adquirido los cerezos.
Y éste sí que es un grave problema que hay que atajar ahora.
Un cerezal, desde que se planta hasta que está en plena producción de cosecha, tarda por lo menos ocho o diez años y de no cortarse este mal supondría una gran ruina para esta comarca.
Los cerezos muestran sus hojas como perforadas, lacias y mustias. Dicen los agricultores que si es porque los polvos anticriptogámicos que se les echa a los árboles, que no tienen la concentración debida, que peca por exceso.
En la Jefatura Agronómica ya se están haciendo investigaciones, porque la epidemia es general en todos estos pueblos.
Hasta hace cosa de pocos años había variedad de cultivos en el Valle y así Tornavacas era, principalmente, ganadero y cuidaba castaños: en Jerte había parras, castaños, algo menos que en Tornavacas, y la madera del reboldano; en Cabezuela había parras, castaños y cerezos, y sobre todo olivos, que también los había en Navaconcejo; El Torno era ganadero; en Casas del Castañar y Cabrero, las mimbres, los higos y los castaños.
Pero hacia el primer tercio de este siglo se perdieron los castaños y las vides; en Tornavacas repoblaron los castaños y en Jerte las parras; en Cabezuela y Navaconcejo no repoblaron ni los castaños ni las parras, y se dedicaron al olivo y empezaron a plantar cerezos y hacia los años treinta había ya criados unos hermosos cerezales, tanto en uno como en otro pueblo.
Tornavacas, con su austeridad de vida saliendo los obreros a trabajar a otros sitios, y con las castañas y el ganado iban viviendo; en Jerte se llegaron a juntar buenos dineros con el vino, y a recolectar hasta los cien mil cántaros, y como se puso caro hubo una época de esplendor; poco a poco se fueron cotizando bien estos productos y en el Valle se vivió bien; allá por los años cuarenta, en Jerte se pusieron muchas cocinas bilbaínas y ya se fueron haciendo algunos arreglos en las casas, mientras en los otros pueblos empezaba la emigración masiva.
Pero hace cosa de diez años [alrededor de 1959] empezaron a cotizarse bien las castañas y las cerezas, y de los que emigraron de Cabezuela han vuelto al pueblo muchos, cuando empezaban a irse los de Jerte porque ya el vino se iba vendiendo mal; al haber abundancia de gasolina se van los de Ávila, que son los que vienen al pueblo a comprar el vino, hacia la provincia de Madrid y Toledo. Antes venían los cargueros y arrieros con caballerías y si tarda en venderse el vino, resulta poco remunerador cosecharlo, ya que este terreno, por lo quebrado, las labores han de ser a brazo y obreros hay pocos; no se pueden meter en estas fincas ni tractores ni máquinas, ni siquiera una pareja de caballería, lo más una sola, porque el campo, por estar en pendiente, es todo en gavias.
Y ante lo caro que resulta la administración de las viñas y las buenas cotizaciones que han alcanzado las cerezas desde hace cosa de diez años, en Jerte han arrancado las vides y han plantado cerezos y en los otros pueblos igual, y así ahora en todo el Valle casi la principal cosecha es la del rojo fruto.
Porque además se han rozado y se están rozando prados, se han arrancado matas de árboles y arbustos y todo para plantar cerezos y ahora salen los cerezos con la actual epidemia, que de no poner remedio inminente, amenaza con arrasar los cerezales y supondría una catástrofe para esta comarca.
Y aunque se logre atajar el mal, hay que seguir pensando que de aquí a unos años, cuando estén criados todos los árboles puestos, hay que idear algo para la buena comercialización del fruto, pero lo urgente es curar ahora y atajar el mal que aqueja a los cerezos, porque de perderse, un cerezal tarda en criarse y si se pierden los que hay, supone la pérdida de muchos años de trabajos. Y el Valle espera confiado en que las autoridades superiores tomen con interés esta amenaza. Desde luego se ha estropeado la cosecha de cerezas tempranas con estas pertinaces lluvias"
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| Cabecera de la crónica escrita por Isabel Alía desde Jerte. Diario HOY, 30/05/1969 |
Días después, también desde Jerte, la misma Isabel Alía volvía a hablar de la situación del cerezo (Diario HOY, 12/06/1969):
"Es el día 9 de junio y amaneció como si estuviese a últimos de octubre, y contribuye a esta sensación ver los cerezos con las hojas lacias y hasta algunas amarillentas.
Se esperaba que las cerezas de este tiempo, que son las mejores, paliaran el desastre de las variedades tempranas.
Pero sigue el ambiente lluvioso y tristón, y lo peor es que después de cada chaparrada de agua, sale un poco de sol. Y eso es precisamente lo que raja a las cerezas. Estando debajo de un cerezo, se oye el chasquido de la fruta al rajarse.
Malo es que se estropee el fruto, pero aún es peor ver los cerezos enfermos. Ya han visitado los cerezales ingenieros y técnicos para recoger tierras, raíces y hojas, pero hay pesimismo en cuanto a las posibilidades de arreglo en la enfermedad de los referidos árboles.
El Valle está silencioso; la gente triste y apática, pero paciente. La fruta que va a los mercados en buenas condiciones tiene estupendas cotizaciones, pero van pocas de esta región que estén buenas.
No falta quien habla de sustituir cultivos, ya que de seguir así los cerezos habrá que arrancarlos para leña, y entonces hacer la repoblación con manzanos, aunque los agricultores de por aquí dicen que los manzanos no se dan bien en el Valle.
También se habla de cultivar de forma intensiva el fresón. En Jerte hay un agricultor que ha dedicado una buena parcela de su heredad, en los llamados prados de Juan Grande, por donde corre la garganta de los Buitres, y está cosechando gran cantidad de fresas, que está enviando a los distintos mercados.
Da pena ver los cerezales de la llamada Vega, en el término de Jerte. Eran todos, hasta hace cosa de pocos años, viñas que producían buen vino, porque es una tierra buena. Se convirtieron en cerezales. Hasta han arrancado una mata de árboles para plantar cerezos. Y los cerezos de esa parte están gravemente afectados por la epidemia, y las cerezas en los árboles están que no dan ganas ni de mirarlas.
Es digno en el Valle de que ante una catástrofe de esta magnitud, las autoridades tomasen en cuenta las medidas oportunas para paliar algo este desastre. Y sobre todo, ayuda técnica para orientar a los agricultores y dirigir los posibles cultivos, cosa de que no se pudiese curar la epidemia que hay en los cerezos.
El Valle es una región alegre, confiada, que da primero y cumple con sus obligaciones, y cuando le llega una pena la gente de esta comarca es sufrida y paciente.
También desde Cabezuela, ya a principios de agosto, se hacía alusión a esta enfermedad que afectó a los árboles en la campaña de 1969, de la cual, estando ya esta en su recta final, se hacía también una valoración general. Desde aquella localidad, José de las Heras escribía lo siguiente (Diario HOY, 06/08/1969):
"Supongo que en esta semana finalizará la campaña de cerezas por este año. Las cerezas que llegan diariamente a los diferentes almacenes de la localidad son de las que producen los cerezales de la sierra, fruta por cierto de muy buena calidad y resistente al transporte por tratarse de variedades duras; solo pedimos que al año próximo nos vaya un poco mejor que nos ha ido este, pues [...] la campaña de cerezas empezó mal, pues las variedades tempranas fueron víctimas de los fuertes temporales de agua que azotaron al Valle. Debido a ello a los productores no les compensó mucho el cogerlas, ya que los trabajos de recogida y envasado suponen una buena parte de la producción y máxime cuando la fruta no va en condiciones y no vale al precio debido. Hay que destacar [...] que son muchos los productores que se han visto afectados esta campaña, no solo por lo concerniente a las aguas, sino por la grave enfermedad que apareció en los cerezos. Creemos sin ninguna duda que, ya que se ha puesto de manifiesto ante las autoridades competentes, harán todo cuanto esté a su alcance por cortar la tan grave enfermedad que amenaza nuestra economía"
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| Cabecera de la crónica escrita desde Cabezuela del Valle. Diario HOY, 06/08/1969 |
Además de contar con estas crónicas escritas desde el valle por personas que conocían bien la realidad de la comarca (y estas son tan solo una pequeña selección de las decenas más que hay), de esta década también procede el detallado estudio cuyo autor fue Tomás Alonso Gavilán. Publicado por el Ministerio de Agricultura en el año de 1967 con el título El cerezo en el Valle del Jerte, es un documento excepcional para conocer la realidad del cultivo en aquellos años, pues en él se nos ofrece una información pormenorizada sobre aspectos como los tipos de cerezos o las variedades de cerezas.
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Página 35 del estudio El cerezo en el Valle del Jerte en la que se detallan las variedades de cerezas cultivadas en los pueblos del Valle del Jerte. |
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| Página 89 del estudio El cerezo en el Valle del Jerte en la que muestra a un cerezo Mollar, ejemplar, por sus dimensiones, muy probablemente de finales del siglo XIX o principios del siglo XX |
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| Página 85 del estudio El cerezo en el Valle del Jerte en la que muestra un ejemplar de cerezo Ambrunés, variedad autóctona de la comarca |
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| Página 107 del estudio El cerezo en el Valle del Jerte en la que se muestra la fecha estimada de maduración de las diferentes variedades de cereza cultivadas en Cabezuela del Valle y en Jerte |
Por último, para cerrar este recorrido histórico sobre la situación de la cereza en la década de 1960, también contamos con un interesante testimonio audiovisual que describe a la perfección el estado del cultivo de la cereza en Navaconcejo, aunque ya sea del año de 1970: un reportaje dirigido y producido por Francisco de la Calle e impulsado por el Servicio de Extensión Agraria del Ministerio de Agricultura.
Para finalizar, hemos de apuntar que, sin duda, la década de 1960 fue el momento clave del siglo XX en el que, por diversas circunstancias -muchas de ellas señaladas en este artículo-, la cereza se convirtió en el cultivo predominante en el valle. Una década en la que, obviamente, la cerecera era muy diferente a la actual, en la que abundaban las "jaulas" (grandes cajas de madera en las cuales, arropadas entre helechos, se envasaban las cerezas), en la que el fruto se sacaba de las parcelas a cuestas o en bestias (en el mejor de los casos), para trasladarlas hasta los pueblos o hasta los puntos de recogida, o en la que existían árboles de grandes dimensiones en los que se subían hasta dos y tres hombres, quienes tenían que echar sus cestas hasta el suelo, ayudados por grandes sogas, para que se las vaciaran. Una década que ya queda lejos, en la que el trabajo de nuestros antepasados era inmenso, pero que su recuerdo nos demuestra lo artesanal que ha sido -y, salvando las distancias, sigue siendo- la recolección de esta fruta, un cultivo familiar en un espacio donde el minifundio es el protagonista y la cereza un pilar fundamental en la economía doméstica de cientos de familias del valle.
En próximas entradas seguiremos viajando por la Historia de una de nuestras grandes señas de identidad, que no es otra que este fruto que ya lleva siglos en estas tierras.































