martes, 14 de julio de 2026

HISTORIAS DE LA CEREZA EN EL JERTE (I). LOS TIEMPOS DE LA POSGUERRA. LA DÉCADA DE 1940

    Recientemente hemos publicado dos entradas sobre la cereza en el Jerte. En una de ellas, hablábamos cómo el cerezo es un árbol frutal que lleva ya siglos en la comarca, mientras que en la otra nos centramos en la década de 1960, años en los que el cerezo se convirtió en su cultivo predominante.

    En esta tercera entrada, que es la primera de una nueva sección de este blog que hemos titulado "Historias de la cereza en el Jerte", vamos a viajar a la década de 1940, a los conocidos como los años de la posguerra. Pero antes, pongámonos en situación. En los años previos a 1940, la cereza ya era una actividad que, poco a poco, iba ganando en importancia en algunas poblaciones del valle. Y así ya lo quedamos reflejado en una crónica anterior, dedicada a la evolución de su cultivo desde principios de siglo (1900) hasta el año de 1939.

    En la década de 1940, vamos a comprobar que el cultivo de la cereza ya representaba una actividad reseñable en algunas poblaciones del valle. Estos años, España sufrió, a muchos niveles, las consecuencias de la Guerra Civil (1936-1939). En lo económico, en nuestro país, en donde se puso en práctica un modelo económico autárquico, de autosuficiencia, esta década, casi en su totalidad y en la gran parte del país, estuvo marcada por la escasez de productos básicos, pues muchos de ellos estaban racionados, así como por una notable disminución del comercio, tanto el exterior como el interior, y por una red de transportes muy precaria.

    Pero en el valle, en donde la guerra también afectó aunque aquí no hubiera grandes batallas ni enfrentamientos armados reseñables, en esta década de 1940, como avanzábamos, la cereza ya era una actividad económica reseñable en algunas de sus poblaciones. Y, por su importancia, nos vamos a centrar en el caso de Navaconcejo, localidad que ya, por aquel entonces, era una importante productora de este fruto.

    Veamos algunos ejemplos que así lo demuestran. En 1941, tan solo dos años después de finalizar la guerra, el diario Pueblo, órgano de comunicación de la Central Nacional Sindicalista -la única organización sindical reconocida oficialmente- y fundado en 1940 para mostrar las bonanzas de la economía española, dedicaba un pequeño reportaje al cultivo de la cereza en Navaconcejo. Uno de sus titulares ya nos llama la atención, pues en el se decía que "Navaconcejo produce en sus fértiles campos las cerezas de mejor calidad y en mayor cantidad de España". Recordemos que en esta localidad, en 1937, por iniciativa de la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos, organización dependiente de Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S., se puso en marcha la primera experiencia cooperativa de la comarca para comercializar la cereza. En 1941, en esta crónica publicada en el diario Pueblo, se destacaba la labor que estaba llevando a cabo esta cooperativa, entrevistando para ello a Felipe Marcos, "delegado sindical local y presidente de esta Agrupación de productores". 

Extracto del reportaje publicado en Pueblo: Diario del Trabajo Nacional, 24/11/1941

    Entre la información que contiene dicho reportaje, nos llama la atención la referencia a las siguientes cuestiones. Felipe Marcos destaca muy positivamente la labor de esta cooperativa, su funcionamiento y el protagonismo que en ella tenía el propio productor, pues en los tiempos anteriores a su creación "la industrialización de la cereza, [estaba] abandonada [...] en manos de negociantes, con un mercado sin expansión suficiente, ya que Madrid consumía el 80 por 100 de la producción, sin defensa de cotización, sin medio de transportes, con enormes existencias, etc.". Se señalaba, además, que de los 400 productores que formaban parte de la Hermandad, 306 eran "cosecheros de cerezas", y una serie de informaciones sobre producción, transportes, personal o mercados que, por su interés para conocer con bastante exactitud cómo era entonces todo lo relacionado con la recolección de la cereza, reproducimos literalmente a continuación:

PREPARACIÓN Y ENVASADO. Los cosecheros saben que la apreciación o depreciación de esta mercancía en el mercado exige especiales cuidados de preparación, tales como envasado ordenado y selección del género, desechando los trucos de colocación, que por primera vez podrán engañar al comprador, pero que en operaciones sucesivas le alejan, desvalorizando, en consecuencia, nuestro producto y honradez comercial.

PRODUCCIÓN. La cosecha media de cerezas obtenida en estos campos podemos calcularla, con mínimo error, en millón y medio de kilogramos, y su valor aproximado, descontados gastos de todas clases, es de millón y medio de pesetas. Claro es que dicho valor sufre alternativas con la mayor o menor demanda.

No obstante, el plantado de árboles destinados a tal producto se intensifica grandemente, habilitándose para ello mayores extensiones de terreno

TRANSPORTES. Capítulo es este de gran trascendencia, pues de la modalidad que se adopte depende el mayor éxito en el negocio. Por tratarse de fruta delicada en extremo, propensa a estropearse cuando pierde fechas de venta, la experiencia nos ha demostrado que el traslado de la misma a los centros consumidores ha de hacerse por el medio más rápido, ordinariamente en camiones, empleando el ferrocarril sólo para trayectos cortos. En su virtud tenemos un cuidado especial en concertar previamente un servicio de camiones, de acuerdo con las necesidades de la exportación.

PERSONAL. La acertada marcha de la industria necesita de elementos especializados, no solamente en las labores que pudiéramos llamar agrícolas, sino también en las de recogida del fruto en los árboles, preparación, clasificación, etc., labores que comúnmente realizan con más rapidez y capacidad los naturales, por estar avezados a ellas.

En principio tuvimos bastantes dificultades, originadas por las exigencias de presentación en el mercado, dificultades que afortunadamente han desaparecido por nuestro espíritu de perfección.

Sobre jornales anotaremos que a pesar de que la cosecha del presente año [1941] representa un 59 por 100 sobre la del anterior [1940] (883.837 kilogramos contra 1.498.029), calculamos la cantidad invertida en la recogida y venta de las expresadas frutas en 130.000 pesetas. 

MERCADOS. El incremento de una industria acarrea lógicamente la necesidad de un más extenso mercado, y en verdad que no podemos quejarnos del resultado de nuestro esfuerzo, pues así como en años anteriores Madrid consumía un tanto por ciento elevadísimo, hoy exportamos a una buena parte de las provincias españolas, claro está que sin perder de vista a Madrid.

Exponemos a continuación, y por orden de consumo, las plazas españolas con las que hemos negociado recientemente:

Madrid, Sevilla, Valladolid, Zaragoza, Salamanca, Palencia, Badajoz, León, Toledo, Segovia, Burgos, Bilbao, Santander, Cáceres, San Sebastián, Huelva, Plasencia, Zamora, Ávila, Vitoria, Cádiz, Aranda de Duero, Torrelavega y Puertollano. 

    Un año después, en 1942, y en gran parte debido al éxito que estaba teniendo esta iniciativa comercializadora de la cereza, algunos de sus responsables estuvieron presentes en la III Exposición de Productos Provinciales organizada por la Falange cacereña. En ella, según la crónica de dicha Exposición, el "Sindicato de Productores y Exportadores de cerezas de Navaconcejo" estuvo mostrando "una artística instalación con estadísticas y mapas explicativos de su producción y exportación, que ha llegado a adquirir grandes proporciones".

Pueblo: Diario del Trabajo Nacional, 28/05/1942

    Por otra parte, en 1943, para conocer cuál era la realidad y la importancia que la cereza comenzaba a tener en el conjunto de la economía de la provincia de Cáceres, el total de kilos recolectados de este fruto fue de 1.319.254, siendo la inmensa mayoría de ellos procedente de la ya citada cooperativa impulsada desde la Hermandad de Navaconcejo. La publicación Frutos, órgano de comunicación del Sindicato Nacional de Frutos y Productos Hortícolas, en su número del 1 de septiembre de dicho año, recogía esta interesante información sobre la producción de cerezas en la provincia de Cáceres:

En la provincia de Cáceres, el Grupo de "Frutas Varias" ha procedido activamente a la liquidación de la campaña de cerezas, que ha culminado este año en excelentes resultados como lo prueban las siguientes cifras:

El Sindicato ha vendido 1.319.254 kilogramos de cerezas, que han importado 1.940.229,50 pesetas.

Directamente al almacén 463.386 kilogramos, y el resto enviado a diversas plazas consumidoras, entre ellas Madrid, con 408.019 kilogramos; Sevilla, 291.670 kilogramos, y Valladolid, con 78.639 kilogramos.

En almacén, el precio medio de la fruta ha resultado a 1,59 pesetas kilogramo; en Madrid, a 1,53, y en Sevilla y Valladolid, a 1,30. El mejor precio, 1,70 pesetas kilo se ha obtenido en la plaza de Cáceres, y el menor, en León, a 1,25 pesetas.

Para el movimiento de esta producción se ha contado con 20.244 cajas envases, con importe de 127.648 pesetas.

En la plaza de Madrid se ha pagado, por gastos de venta, 72.516,60 pesetas, de las cuales 50.563,80 pesetas representan la comisión a asentadores. En Sevilla, 41.626,55 pesetas, siendo 36.918,85 pesetas lo pagado de comisión a asentadores.

El pago de portes por camiones ha ascendido a 242.130,55 pesetas; y a 36.180,25 pesetas el importe de sueldos y jornales para personal de oficinas, almacenes y plazas

    Durante gran parte de esta década, además, debemos destacar que el precio mínimo de la cereza estaba fijado por el Gobierno a través de una tasa. Aunque avanzada la misma se aprobó la libertad de precios, la intervención estatal, propia del régimen económico autárquico entonces existente, también influyó en la venta de la cereza. Ya quedamos recogido en una entrada anterior cómo, apenas un mes después de finalizar la Guerra Civil, el Gobierno Civil de la provincia, a través de la Junta Provincial de Abastos y Transportes, a inicios de la campaña de la cereza de 1939, aprobaba la "tasa del precio de la cereza". Estando esta aún vigente, ya en 1944, poco antes de decretarse la libertad de precios, la Delegación Sindical de Navaconcejo, en petición enviada a la Comisaría General de Abastecimientos y Transportes, solicitaba "la rectificación de las tasas que rigen actualmente para las cerezas" (Frutos, 01/03/1944).

Tasa del precio de la cereza. Boletín Oficial de la Provincia de Cáceres, 03/05/1939

    Por otra parte, también durante esta década ya eran motivo de preocupación dos de las principales amenazas, que no las únicas, que sigue teniendo el cultivo del cerezo en la actualidad: las enfermedades y las plagas así como las inclemencias meteorológicas

    Con respecto a lo primero, consultando la memoria elaborada por la Sección de Fitopatología y plagas del campo del Ministerio de Agricultura sobre su actuación realizada entre los años de 1939 y 1949, se nos dice que se llevó a cabo:

"[...] un tratamiento colectivo en el Valle del Jerte, que afectaba a varios pueblos, para combatir la plaga de "oruga cigarrera" (Archips o Caoecia), que amenazaba la riqueza frutal de cerezos, típica de la zona por su importancia y masa poblada, única en España, constituyendo el tratamiento con los insecticidas y pulverizadores aportados por el Estado un éxito tranquilizador para los agricultores" 

    Dicha Sección, por cierto, estuvo dirigida, en esta década de 1940, por don Federico Bajo Mateos, Ingeniero agrónomo con raíces familiares en Cabezuela del Valle y del que hablaremos en próximas entradas.

    Sobre lo segundo, si bien en el año de 1940 la cosecha se vio muy mermada por las lluvias, también la campaña de 1949 estuvo marcada por los daños ocasionados en la fruta por las lluvias y tormentas, como así se informaba desde la localidad de Jerte, en donde "una tromba de agua, con pedrisco, ha arrasado las cosechas de uvas y de cerezas" (Extremadura. Diario de la Acción Católica diocesana, 11/06/1949). 

Diario HOY, 03/07/1974. Daños por las lluvias en la campaña de 1974, en la que se menciona que no se recordaba "un fenómeno semejante desde 1940".

    En conclusión, aunque en muchos pueblos del valle la cereza aún no era, ni mucho menos, la actividad económica principal, vemos que a principios de 1940 la recolección de este fruto sí que ya era una actividad representativa en pueblos como Cabezuela del Valle o Navaconcejo, municipio que ha tenido una especial relevancia en esta entrada y cuyas cerezas ya habían salido en años anteriores, incluso, hacia mercados internacionales, algo de lo que hablaremos en próximos escritos.

martes, 30 de junio de 2026

LA CEREZA EN EL JERTE: UN CULTIVO FAMILIAR CON UN GRAN ARRAIGO HISTÓRICO EN LA COMARCA

    Aunque fue a partir de la década de 1960 del pasado siglo XX cuando el cerezo comenzó a ser el cultivo predominante en el Valle del Jerte, este árbol lleva siglos presente en esta comarca del norte extremeño.

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El cerezo es, a día de hoy, el motor económico indiscutible del Valle del Jerte. Prácticamente todo gira en torno a él y centenares de familias, de manera directa o indirecta, viven de su fruto: la cereza.

En el Jerte se sigue practicando un tipo de agricultura en la que el núcleo familiar es esencial no solamente en la época de la recolección sino en la realización de las diferentes labores que requiere el campo a lo largo del año –que no son pocas–. En el Jerte, como se suele decir, ningún agricultor se hace millonario con la cereza, no, pues su cultivo y recolección, laboriosa y que requiere de muchos cuidados y esmeros, se realiza en miles de pequeñas parcelas (minifundios) que, en muchos de los casos, los jerteños han heredado de sus mayores. Cada campaña es una odisea, pues la cereza es un fruto extremadamente delicado, a la que no le viene bien ni las temperaturas excesivamente altas, ni la lluvia, ni mucho menos fenómenos extremos como el granizo o el viento fuerte. Y tampoco se libra de los avatares propios del mercado cuando existe una abundancia de cosecha, como así está sucediendo en esta campaña. Es una economía fundamentalmente familiar, una agricultura que requiere de un trabajo casi artesanal pese a los adelantos técnicos y tecnológicos introducidos en las últimas décadas, que supone el sustento principal de miles de habitantes de este fértil espacio del norte cacereño.

Picota del Jerte (variedad Ambrunés). Campaña de 2023.

No siendo nuestra intención, ni mucho menos, analizar la realidad actual del sector cerecero –que daría para mucho–, en la crónica de hoy viajamos a la historia de este árbol que ya lleva siglos presente en el valle regado por el Jerte y que su fruta es, actualmente, una de sus señas de identidad mundialmente conocida. El Jerte ha sido, históricamente, un lugar en el que se ha practicado una agricultura de policultivo, en la cual han destacado, entre otros, el castaño, la vid o el olivo. Y la ganadería, además, ha sido una actividad fundamental en el contexto de la economía doméstica. No obstante, el cerezo, como un cultivo más, ya lleva cientos de años presente en estas tierras. Aunque hay indicios que nos conducen a tiempos bastante remotos en lo referente a su introducción en el Jerte, ya en los siglos de la Edad Media y la Edad Moderna hay registros documentales incuestionables que acreditan la presencia de este árbol frutal en la comarca. Sabemos de referencias fehacientes que proceden de los siglos XIV, XV o XVI, pero veamos tan solo unos ejemplos que nos llevan al siglo XVIII, una centuria en la que el valle experimentó tiempos de bonanza, pero en la que también sufrió una fuerte crisis económica debido, entre otras razones, a la enfermedad de la tinta, la cual acabó con muchos de los árboles que entonces eran su principal fuente de riqueza: los castaños. Producida la quiebra de buena parte del castañar del valle, en la segunda mitad de este siglo XVIII encontramos numerosas referencias a la cereza. Así, en las respuestas enviadas para la elaboración del conocido como catastro del Marqués de la Ensenada, desde Tornavacas se decía, en el año de 1753, que entre los frutos que se recolectaban, entre otros muchos, ya se encontraba esta.

 Referencia a las cerezas en Tornavacas. Año de 1753. Portal de Archivos Españoles (PARES).
 
    Por otra parte, en las informaciones enviadas para la confección del magno Diccionario de Tomás López, en la descripción de Cabezuela y su término, redactada en 1785, se alude también a ellas (“las cerezas abundan”) y a las “guindas garrafales”.  Desde El Torno, cuyo informe se escribió en diciembre de 1786, se mencionaba a las cerezas como fruta que allí se recogía. Y ya en 1791, en las respuestas al Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura, la presencia del cerezo se menciona en varias poblaciones. Así, desde El Torno se decía que se recogían “noventa y cinco arrobas de cerezas”; desde Vadillo –actual despoblado cercano a Cabezuela–, se indicaba que allí se criaban cerezos; y desde la población de Jerte los informantes señalaban que la cereza era la fruta “que más abunda”. Por tanto, estos testimonios escritos no dejan lugar a dudas de que la cereza era un fruto ya reseñable, hace casi tres siglos, en el contexto de la economía doméstica. 
 
Cerezas en El Torno, 1786. Respuestas a Tomás López. Biblioteca Nacional de España.

El cerezo, muy poco a poco, fue ganando en importancia durante el siglo XIX, una centuria que fue poco favorable en el Jerte, que sufrió el efecto de las guerras (la de la Independencia y la Primera Guerra carlista) y de enfermedades que nuevamente afectaron a algunos de sus cultivos predominantes (vides y castaños). Y fue ya en el pasado siglo XX cuando su protagonismo comenzó a ser cada vez mayor. Así, ya en el año de 1904, en una interesante crónica escrita desde el pueblo de Jerte, se nos señala que en esta localidad y en las vecinas de Tornavacas, Cabezuela y Navaconcejo, se producían ya unas 120.000 arrobas de cerezas, una cantidad que equivaldría a, aproximadamente, 1.380.000 kg. Décadas después, en los años 30 (cuando ya estaba construida la carretera de Plasencia a El Barco de Ávila –actual N-110–, una vía adecuada para el transporte de este fruto hacia los mercados más cercanos), la cereza seguía ganando en importancia, a nivel general, en la economía comarcal y, de manera específica, en algunos de sus pueblos como Cabezuela o Navaconcejo. En 1931 ya se decía, desde Valdastillas, que la cereza era una “fruta que produce, en años normales, muchos miles de duros al vecindario”. En 1937, en plena Guerra Civil, en Navaconcejo, y por iniciativa de la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos, se puso en marcha la primera experiencia cooperativa para comercializar la cereza. Y en 1939, año en el que finalizó la guerra, ya hay referencias a las variedades que se cultivaban hace casi 90 años en el valle: petreras, mollares o las picotas, entre otras.

Variedades y precios de cerezas en la campaña de 1939. Extremadura. Diario católico, 02/05/1939.

Tras superarse los años más difíciles de la posguerra, la importancia de la cereza en la economía familiar siguió creciendo hasta llegar así a la década de 1960, en la cual se produjo la apuesta decidida por intensificar su cultivo. En aquella década sobresalían variedades aún muy presentes en la memoria colectiva como las garrafales, las jarandillanas, las mollares… Y, por supuesto, las picotas no faltaban en cada uno de sus pueblos, recolectándose ya cientos de miles de kilos de variedades autóctonas, emblemáticas y genuinas, aunque hoy ya desgraciadamente en retroceso, como la Ambrunés, la Pico Colorado o la Pico Negro, entre otras. Pero lo sucedido en aquellos momentos, cuando el valle comenzó una profunda transformación a muchos niveles (en lo económico, en lo paisajístico o en la fisionomía de sus pueblos), ya será objeto de análisis en próximas crónicas.

 
Variedades de cerezas cultivadas en Cabezuela del Valle en el año de 1967. Publicación El cerezo en el Valle del Jerte de Tomás Alonso Gavilán.
 
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Artículo publicado en la sección de provincia de Cáceres de El Periódico Extremadura, en su versión digital, el 29/06/2026: https://www.elperiodicoextremadura.com/caceres/2026/06/29/cereza-jerte-cultivo-familiar-gran-131925207.html