Hace apenas unas semanas se ha cumplido el 90 aniversario del inicio de la Guerra Civil (1936-1939), un conflicto armado que desgarró a España y que trajo consigo unas profundas consecuencias (económicas, políticas, sociales...) que se arrastrarían durante años.
El Valle del Jerte, que en los primeros compases de la contienda quedó bajo el control del autodenominado bando "nacional" o franquista, no fue escenario ni de grandes batallas ni tampoco de enfrentamientos armados reseñables. Pero la guerra sí se dejó sentir en muchos aspectos. Y es que no solamente alteró la cotidianidad de sus habitantes, sino que también afectó notablemente al desarrollo de las campañas de recolección de la cereza de, especialmente, los años de 1937 y de 1938.
Como ya hemos analizado en anteriores entradas, cuando comenzó la guerra en aquel año de 1936, la cereza ya era una actividad económica representativa para la economía familiar de algunas poblaciones del valle. En la década de 1930, si bien este fruto ya estaba presente en todos sus pueblos, el grueso de la producción de cereza se recolectaba en los términos de Jerte, de Cabezuela del Valle y de Navaconcejo. En aquella época, las garrafales, las jarandillanas, las mollares, las ambruneses o las Pico Colorado, entre otras, eran las variedades más habituales. Eran recolecciones muy laboriosas, en donde no existía ningún tipo de mecanización y las cerezas se transportaban a cuestas -o, en el mejor de los casos, con bestias- desde los campos. Y la cereza, por aquel entonces, era una actividad que reportaba una modesta cantidad de ingresos a cientos de familias, los cuales se complementaban con otras actividades que se realizaban a lo largo del año.
Fue a partir del 18 de julio de 1936, a consecuencia de un golpe militar fallido, cuando comenzó la guerra. En aquellos días, la recolección de aquel año estaba tocando a su fin, por lo que la campaña de 1936 apenas se vio influida por este acontecimiento.
Una situación muy diferente fue la que se produjo en 1937, cuando la guerra ya sí afectó de lleno a la recolección de la cereza. Y es que este año, por diversas circunstancias -todas ellas relacionadas con el conflicto-, tan solo se pudieron recolectar unas decenas de miles de kilos del total existente. Si tenemos en cuenta los testimonios de los que vivieron, en primera persona, aquella campaña, las dificultades a las que se tuvo hacer frente fueron numerosas: la casi absoluta falta de transporte para trasladar, por carretera o en ferrocarril, el fruto a los mercados, la merma en la mano de obra habitual (pues decenas de jóvenes de cada pueblo se encontraban en los frentes) y la práctica paralización de los mercados nacionales (y que buena parte de ellos, además, estaban aún en manos del bando republicano). Desde la Hermandad de Labradores y Ganaderos de Navaconcejo -municipio en el que se puso en marcha, en este mismo año, la primera experiencia cooperativa para comercializar la cereza-, así se recordaba, con el paso de los años, esta campaña tan repleta de dificultades:
"[...] estando, en poder del enemigo [en referencia al Gobierno de la República], más de la mitad de los mercados consumidores de la península, entre ellos el más importante es el de la capital, sin transportes, sin esos compradores que mal o bien venían cumpliendo un fin, nos trajo como resultado el que un 75 por 100 de dicha cosecha, se quedara en los árboles sin cortar, y el resto que logró colocarse, fue una completa ruina, ya que no daba ni para los gastos de recogida"
Tampoco la campaña de 1938 escapó de los rigores de la guerra, aunque en esta ya sí se pudo enviar a algunos mercados una mayor cantidad de cereza que en la pasada. No obstante, Madrid seguía en manos del Gobierno de la República y ello influyó -y mucho- en la comercialización de la cereza, ya que allí se solía enviar gran parte de la cosecha. Aún así, esta campaña fue más favorable que la anterior, pues el total de la cereza recolectada solamente en Navaconcejo -por datos que la Hermandad facilitaba a principios de la década de 1950- fue de 702.364 kilos.
Pero siguieron existiendo, además, imperiosas carencias relacionadas con el transporte, pues los pocos camiones que había en el valle estaban a disposición de las necesidades de la guerra. Por ello, a principios de junio, desde Cabezuela y Navaconcejo, los sindicatos agrícolas de ambos pueblos manifestaban que se necesitaban "camiones para el transporte de la cereza en la campaña actual".
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| Extremadura. Diario de la Acción Católica Diocesana, 01/06/1938. |
Aún con este llamamiento, a lo que hay que sumar la intermediación de diferentes autoridades e instituciones, los problemas para transportar el fruto hacia los mercados fueron constantes, señalándose esta interesante información desde la Hermandad de Navaconcejo, refiriéndose así a este asunto en la que fue su primera campaña comercializando la fruta, la de 1938:
"Apenas iniciado el funcionamiento de control y venta de la fruta, surgió esa gravísima dificultad de transporte. La contienda de liberación absorbía la totalidad del transporte por ferrocarril, y aunque éste no es adecuado para tan delicada fruta, de haber estado libre, en algo nos hubiera resuelto el problema. También las atenciones preferentes a todos de la guerra, ocupaban casi todo el material rodante por carretera, colocándonos a veces y de improviso en situaciones de tan difícil solución que [...] de milagro no fuimos arrastrados al más completo fracaso, en caso de éstos, acudimos como era nuestro deber interesando ayuda de nuestras Jerarquías provinciales que no siempre nos daban por que de las mismas carecían, pero con sus alentadoras esperanzas para el futuro, sus prudentes consejos y su eficaz colaboración, nos hacían proseguir de nuevo la tarea emprendida"
A este respecto, debido a la intermediación del Jefe Provincial de F.E.T. y de las JONS, D. José Luna Meléndez, y por las gestiones realizadas por este en Salamanca y Burgos, los productores de cereza de Navaconcejo pudieron contar con varios camiones de la empresa "Marión", lo que permitió que gran parte de su cosecha llegara a varios mercados nacionales.
En esta campaña de 1938 también escaseó la mano de obra, pues desde esa misma Hermandad de Navaconcejo se nos decía lo siguiente:
"La mano de obra de los jóvenes que luchaban en los frentes fue sustituida con mucha voluntad y alegremente por viejos, mujeres y niños, dando cima a la difícil, ruda y entretenida tarea de recogida de tan rico fruto"
Para cerrar este recorrido por la campaña cerecera de 1938, mencionar que este año fue el primero en el que la Hermandad de Navaconcejo comercializó la cereza a través de su almacén cooperativo de frutas, agrupando a un "90 por 100 de los productores" de este fruto. Durante este año, además, gran parte de la producción recolectada fue destinada a mercados próximos de provincias vecinas o de la propia provincia de Cáceres, como era el caso de Plasencia, donde la cereza, a principios del mes de junio de 1938, se vendía a 4,50 pesetas la arroba (Extremadura. Diario de la Acción Católica diocesana, 18/06/1938). Los precios, debido a la dificultad para la venta del fruto motivada principalmente por esa falta de transporte y por la escasez de mercados, estuvieron por los suelos.
Desde el Sindicato de Cabezuela, establecido en aquel año de 1938 y también impulsado por la organización local de F.E.T y de las JONS, se hacía un balance de la que también fue su primera campaña de recolección de frutas. Y llama la atención el precio tan bajo al que se comercializó la fruta recolectada (0,4233 pesetas por kilo, ya descontados todos los gastos) y el elevado coste del transporte, tal y como ellos mismos recogían en su memoria:
"También debe hacerse resaltar el hecho de lo que para este Sindicato Local en su Sección Frutas, ha representado el transporte de la misma, en el cual se han gastado 39.651,20 pesetas, que de no haber existido esta dificultad y de haber tenido camiones propios, no solamente se hubieran obtenido mayores ingresos, pues se calcula en 50 céntimos el precio del kilo de transporte (doble del que debiera pagarse), sino que se hubiera servido con más exactitud a las plazas, llegando las frutas en mejores condiciones y obteniendo más rendimiento"
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| Memoria sobre el funcionamiento del almacén de ventas de frutas de la Hermandad de Labradores y Ganaderos de Navaconcejo. Impresa por la Tipografía Generoso Montero de Plasencia en 1939. |
Los agricultores de la cereza, además de a los avatares y a los numerosos obstáculos derivados de la guerra, también durante estos años tuvieron que sortear otras dificultades relacionadas con las enfermedades y plagas que afectaban al cerezo, como la de la oruga, y, dada la práctica paralización del mercado nacional, buscar alternativas comerciales para tratar de sacar adelante toda la producción recolectada posible -que incluso salió, por barco, fuera de nuestras fronteras-. Pero eso ya son asuntos de los que hablaremos en posteriores escritos.
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NOTA: La información así como los textos citados en los que la Hermandad de Labradores y Ganaderos de Navaconcejo hablaba de las campañas de 1937 y 1938, han sido extraídos de la siguiente publicación: Cáceres. Órgano de la Delegación Provincial de Sindicatos, 30/05/1950.
Todas las demás fuentes que han sido utilizadas se reseñan en el texto.












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