domingo, 30 de agosto de 2026

HISTORIAS DE LA CEREZA EN EL JERTE (IV): LA DESTACADA PRODUCCIÓN DE CEREZA EN CABEZUELA DEL VALLE. AÑO DE 1951.

    En anteriores entradas de HISTORIAS DE LA CEREZA EN EL JERTE hemos comprobado cómo la cereza ya era, en las décadas anteriores a 1950, un fruto representativo en la economía familiar de poblaciones como Cabezuela del Valle o Navaconcejo.

    En este nueva entrada, nos vamos a detener en la importancia que esta fruta ya tenía en la economía local de Cabezuela del Valle a principios de 1950, cuando ya comenzaban a dejarse atrás los años más difíciles de la posguerra. Para ello, vamos a analizar un artículo publicado en el entonces Extremadura. Diario de la Acción Católica diocesana (hoy El Periódico Extremadura), en su número correspondiente al 27 de junio de 1951 y firmado por F. H. Castanedo, en el que se hablaba, con todo detalle, de la producción de la cereza en esta localidad.

    Dado el enorme interés del contenido de este artículo, decidimos reproducirlo al completo a continuación, pues en él se informaba, con todo detalle, de cuestiones de gran relevancia: del número de kilos aproximado que se recolectaba, de las variedades, de los ingresos...así como de otros aspectos relacionados con aquella producción cerecera de principios de la década de 1950. Estos interesantes datos fueron aportados por varios vecinos de Cabezuela que conocían muy bien la realidad cerecera de aquel entonces, como eran: David Herrero, Luis Barbosa, Segundo y Hermógenes Laso.

    El artículo, en cuyo encabezado aún observamos la referencia tradicional con la que se ha denominado al valle durante siglos (Valle de Plasencia), decía así:

Encabezado y subtítulos del artículo publicado en Extremadura. Diario de la Acción Católica diocesana, 21/06/1951.

"Todos los días por esta época, comienza a descargar en el madrileño mercado de Legazpi una gran caravana de camiones, cargados de cajas o jaulas de cerezas. Los enormes vehículos, auténticos «expresos de la cereza», hacen todas las jornadas para transportar este fruto la ruta de Madrid-Valle de Plasencia. Este valle es un auténtico vergel de cerezos, único por su extensión, belleza y calidad de productos en Europa.

Y, en servicio de información, acabamos de efectuar, en uno de esos «expresos de la cereza», el viaje rendido, al fin, en Cabezuela del Valle, primer pueblo de esta insuperable zona cerecera española.

Ahora, en concejo abierto, rodeado por los principales rectores de esta técnica agrícola, señores David Herrero, doctor Luis Barbosa y don Segundo y Hermógenes Laso, se inicia la información:

-Comprende la zona cerecera del Valle de Plasencia -nos dice don David Herrero-, los pueblos de Navaconcejo, Jerte, Valdastillas, Casas del Castañar, Tornavacas, y, naturalmente, éste de Cabezuela del Valle. Toda esta zona constituye, como cualquier visitante puede comprobar, un maravilloso paisaje de estética y de granada riqueza.

-¿Se encuentran cerezas en algún otro sitio de España? Es don Segundo Laso quien responde a nuestra pregunta:

-En cantidades que podríamos calificar de exiguas, con respecto a lo que produce nuestra zona, se puede afirmar que se encuentran cerezas en Aragón y Valencia, por un lado, y en la parte extremeña de la Vera y Hervás.

-Para dar una idea exacta de la importancia de nuestra zona cerecera -dice luego don Hermógenes Laso-, basta señalar que el total de la producción de cerezas se eleva a cerca de los ocho millones de kilos. De esta cifra, más de la tercera parte corresponde a la producción de Cabezuela, siendo, por tanto, este pueblo el más importante de la zona en cuanto a este aspecto agrícola.

-Si no hemos interpretado mal -decimos a continuación- usted señor Barbosa es doctor en Medicina. Puede decirnos, en consecuencia, ¿qué valor, desde el punto de vista higiénico y alimenticio, posee la cereza?

-Puede decirse -responde inmediatamente el doctor Barbosa- que la cereza constituye una fruta de extraordinario valor alimenticio y de fácil digestibilidad

LA MEJOR COSECHA DEL SIGLO

-Con verdadera satisfacción -expresa luego el señor Herrero- podemos afirmar que jamás, en lo que va de siglo, hemos alcanzado una cosecha tan extraordinaria como la actual. Las ramas de los cerezos se doblan por la sobresaturación del fruto. Y, si Dios quiere que la lluvia no venga a truncar nuestras esperanzas, la cereza del Valle del Plasencia constituirá una gran fuente de riqueza para esta zona y, lo que es fundamental, una gran aportación para los mercados de abastecimiento.

-¿Existen más de una clase de cerezas? Sí -contesta don Segundo Laso-; hay múltiples clases de cerezas. Estas se denominan «barbosa», «coloradilla», «del gordo», «jarandilla», «venancio», «gorderas», «picolimón», «ambrunés», «picolimón negro», «picotas», etc. Las primeras en presentarse a los mercados son las «barbosas».

-¿Tiene algo que ver el nombre de esa variedad con el apellido del doctor Barbosa? Es don David Herrero quien nos informa:

-Exactamente. Hay una analogía entre ambos términos. Corresponde, en justicia, esta denominación a la clase de cereza que nos ocupa, porque fue el padre del doctor Barbosa, en vida médico titular de este pueblo, quien después de múltiples, laboriosas e inteligentísimas investigaciones, logró alcanzar la variedad acaso más selecta de la cereza española, que es tanto como decir de la cereza europea, porque si en otras partes hay cerezos, no cuentan con el sol de España.

-¿Precisaron ustedes -preguntamos casi en final de información- de un gran esfuerzo para lograr esta maravilla de cerezales?

-Calcule -replica don Segundo Laso-. Generación tras generación de los pueblos del término laborando en estas actividades. Hubo últimamente un peligro que se presentó con caracteres catastróficos: la aparición de la plaga del «mildeu» [sic] [refiriéndose al mildiu u oídio] que abrasa los cerezos. Por eso ofrece todo el valle de Plasencia, y Cabezuela del Valle en primer término, perenne testimonio de gratitud al ingeniero agrónomo, jefe de la Sección de Fitopatología y Plagas del Campo del Ministerio de Agricultura, don Federico Bajo Mateos, que con su inteligencia, dinamismo, preclara visión técnica y extraordinario celo profesional, supo dar la gran batalla de los cerezos recuperando para el Valle de Plasencia y para toda España una riqueza nacional que parecía perderse irremisiblemente.

El ingeniero agrónomo Bajo Mateos, recibiendo el título de Hijo Adoptivo de Cabezuela del Valle en el acto celebrado en aquella localidad el domingo 16 de abril de 1950.

-Dígame, para terminar, señor Laso, en pesetas, lo que supone la cosecha cerecera de este año.

-Unos treinta y cinco millones.

-¿Que se distribuyen unos terratenientes?

-Que se reparten todos los habitantes del Valle, porque aquí la propiedad está tan repartida, que raro es el vecino que no tiene unos cerezos

    Si esta ya era la realidad cerecera a principios de los años 1950 en el caso concreto de la localidad de Cabezuela del Valle, en próximas entradas, comprobaremos cómo a lo largo de esta década la producción de cerezas y la plantación de nuevos árboles fue progresivamente en aumento, no solamente en Cabezuela del Valle sino también en otros pueblos de la comarca. 

Hasta la próxima. 

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