miércoles, 10 de julio de 2024

UN PASEO POR LOS ORÍGENES DE LA N-110 A SU PASO POR EL VALLE DEL JERTE (I): ALGUNOS RESTOS MATERIALES DE LA ANTIGUA CARRETERA DE PLASENCIA A EL BARCO DE ÁVILA

    En una de nuestras anteriores entradas ya hablamos de los orígenes de la actual N-110 (carretera de Plasencia a Soria), que es la principal vía de comunicación que vertebra de sur a norte, y viceversa, la comarca del Valle del Jerte. Esta carretera, conocida en sus orígenes como de Plasencia a El Barco de Ávila, ya que unía estos dos importantes núcleos de población, fue proyectada en 1877, quedando recogida dentro de la famosa Ley de carreteras publicada ese mismo año, y su construcción se extendió durante las siguientes décadas.   

    Esta nueva vía de comunicación venía a sustituir a un antiguo camino de herradura, que también unía Plasencia con las tierras abulenses, pero que ya no era apto para la circulación en varios de sus tramos ni siquiera para las caballerías, pues así se nos indica en una descripción del mismo que data de 1866, en la cual también se habla de que algunas de sus infraestructuras (puentes) se encontraban ya en mal estado. Era por tanto, totalmente necesaria la construcción de una nueva vía de comunicación, de mayor anchura -que permitiera el tránsito de carruajes- y con un firme estable y uniforme, que diera respuesta a las nuevas necesidades de aquel momento. 

Referencia al camino de herradura, existente en el valle antes de la construcción de la carretera, a su paso por el término de Tornavacas

    Las obras de los primeros tramos de la construcción de esta nueva y moderna carretera, los más cercanos a Plasencia, comenzaron a hacerse en la década de 1880 y a lo largo de las de 1890, 1900 y 1910, se fueron haciendo progresivamente los demás hasta, finalmente, llegar a El Barco de Ávila. Por ejemplo, tan solo por citar algunos datos concretos, aún en 1918 y 1919 se estaban gestionando los expedientes de expropiación de terrenos para el paso de esta carretera por los términos municipales de núcleos de población de la provincia de Ávila como, respectivamente, Casas del Puerto de Tornavacas [hoy Puerto Castilla] o Solana de Ávila. Por tanto, hasta ya entrada la década de 1920, esta carretera no estuvo del todo terminada en su trazado correspondiente a la provincia de Ávila.

    De aquellos primeros tiempos de su construcción, aunque ya ha habido sustanciales modificaciones en gran parte de su trazado original -sobre todo en el tramo comprendido entre Plasencia y Jerte- y en su anchura, aún hoy quedan restos materiales y de ellos vamos a hablar en esta entrada.

    En el Valle del Jerte, dos son los espacios más destacados en este sentido: el puente de Cabezuela del Valle y el término municipal de Tornavacas, especialmente en el tramo comprendido entre el pueblo y el Puerto del mismo nombre. 

    En el puente de Cabezuela, que fue una de las obras de ingeniería más destacadas de toda la carretera por las dimensiones del mismo, junto con los desmontes practicados en las faldas del Puerto de Tornavacas en nuestra vertiente -por la dificultad y el enorme desnivel existente en este espacio-, son bien visibles estos restos materiales de las obras realizadas en él tras la inmediata construcción del trazado de la carretera. Este puente, ya existente antes de la construcción de esta nueva carretera, -y mencionado en descripciones del siglo XIX como "un antiguo puente de piedra de un arco"- tuvo que ser remodelado, ampliadas sus dimensiones y reforzado en su base, tanto a un extremo como al otro, tal y como podemos observar en las siguientes fotografías. En los arranques del puente, cercanos al cauce del río, son visibles esos característicos bloques rectangulares de granito utilizados en la construcción de las obras relacionadas con esta carretera. Lo mismo ocurre en la zona del estribo en el lado por el que se accede al núcleo de población. También, se hizo un muro de sujeción del terreno de grandes dimensiones, tanto en altura como en anchura, que todavía es perfectamente visible en la vertiente norte del mismo. 

    Este puente, con siglos de Historia, quedará como una infraestructura secundaria cuando acaben las obras de realización del nuevo, situado más al sur, que actualmente se están desarrollando y cuya fecha prevista de finalización se estima ya para 2026.

Detalle de los bloques de granito en uno de los arranques (bases)

Detalle de los bloques de granito en uno de los estribos

Detalle de uno de los muros de contención en uno de los laterales del puente. Vista desde el cauce del río.

Plano de 1901 de Cabezuela en donde aparece señalado el puente de piedra así como la casilla de peones camineros que ya estaba instalada en esta población. Las líneas rojas indican el trazado de la carretera en dirección hacia Jerte.

    Otro de los lugares en donde existen más restos materiales de aquella primitiva carretera, se corresponde con el término municipal de Tornavacas, especialmente en el tramo que va desde la localidad hasta el Puerto, el cual no ha sufrido modificación alguna en su trazado -aunque sí en su anchura- desde su construcción hace ya algo más de 110 años. Veamos algunos ejemplos.

    Viniendo desde Jerte hacia Tornavacas, y ya situado, por escasos metros, en el término de este último pueblo, nos encontramos con el antiguo puente que vadeaba la Garganta Becedas. Reedificado durante las obras de realización de esta carretera (pues ya existía como puente de piedra en el siglo XIX) y objeto de sabotaje en los primeros compases de la Guerra Civil (julio de 1936), es una construcción ya casi invisible por el deterioro de la misma y por estar prácticamente cubierta por la vegetación del cauce de la Garganta.

Restos del antiguo puente. Dos grandes rocas, situadas en el cauce de la Garganta, se utilizaron como machones para edificar el puente.

Aún ser pueden observar, cerca del cauce de la Garganta, los característicos bloques rectangulares de granito que se utilizaron para reforzar la base y los laterales de este antiguo puente.

    Siguiendo en dirección hacia Tornavacas y antes de llegar al núcleo de población, unos metros antes de cruzar la carretera la Gargantilla o Arroyo de Calvarrasa, encontramos el primer muro con esos característicos bloques de granito rectangulares ya mencionados en el puente de Cabezuela, cuya función era -y sigue siendo- contener el terreno en un tramo con bastante desnivel.

Muro a la altura de la entrada a Tornavacas por el conocido como camino del cementerio

    Otro muro muy similar a este anterior, está ya prácticamente a la salida del pueblo en dirección al Puerto, muy cerca del cauce de la Gargantilla del Cubo.

Detalle del muro, por el que, en su parte superior, se dejó un caño de agua procedente de la gargantilla para regar algunas huertas de la zona de las viñillas

Detalle del muro y firme de la actual N-110

Pequeño puente, situado a escasos metros del anterior muro, por el que pasan las aguas de la Gargantilla del Cubo

    Y ya dejando atrás Tornavacas e iniciando la ascensión hacia el puerto, es cuando comenzamos a encontrar un mayor número de elementos materiales que se realizaron una vez finalizadas las obras del trazado de esta antigua carretera. Veamos también algunos ejemplos concretos.

    Unos metros antes de llegar a la curva por la que, la carretera, cruza el Arroyo de Don Pedro, volvemos a encontrar un muro de similares características a los anteriormente descritos.


Detalles del muro cercano a la curva por el que pasa el Arroyo de Don Pedro

    Y ya en plena ascensión del Puerto, que es de los pocos tramos de la carretera que no ha sufrido, en su trazado, modificación alguna desde su construcción, son varios los elementos materiales a destacar, y ellos se muestran en las siguientes fotografías. 

Muro de contención sobre el cual se encontraba la "casilla del caminero", hoy ya inexistente

Muro de contención, también de piedra, situado ya en las cercanías del alto del Puerto
 
Similares a estos bloques de cemento y piedra, eran los "quitamiedos" que existían en gran parte del Puerto y que en la década de los 80 fueron sustituidos por los guardarraíles actuales

    En la realización de todas estas obras anteriormente mencionadas, en las que se utilizó muy poca maquinaria -simplemente, porque apenas había- y llevadas a cabo en gran parte en las décadas de 1900, 1910 y 1920, trabajaron paisanos de toda la comarca, de otras regiones de España e incluso hubo grupos de personas que vinieron desde Portugal. Para la construcción de todos estos muros mostrados, se aprovecharon las toneladas de piedra que hubo que mover para la construcción de dicha carretera así como piedra también procedente de pequeñas canteras locales (como los "Sillares", de Tornavacas).

Desmonte practicado en el Puerto de Tornavacas en la curva conocida como "Curva grande"

    Una vez se fue construyendo la carretera que conectó la ciudad de Plasencia con el núcleo de El Barco de Ávila así como realizando las obras relacionadas con la misma (muros de contención, puentes...), comenzaron a establecerse a lo largo de ella las conocidas como las "casillas de camineros", aprovechando edificaciones que ya eran utilizadas para auxiliar a los viajeros a su paso -pues la carretera coincidía, en algunos tramos, con el trazado del antiguo camino de herradura existente antes de su construcción- o construyendo, ex profeso, unas nuevas. Estas "casillas de camineros", que fueron habituales en las carreteras de España durante los siglos XIX y XX, tenían la función de supervisar el estado de la carretera, arreglar cualquier desperfecto que se produjera en ella y auxiliar a los viajeros. Por su interés, en una de de las próximas entradas, hablaremos de las construcciones de este tipo que existieron en nuestra comarca.  

    Para finalizar esta nueva entrada, señalar que esta carretera, además, a lo largo de sus ya más cien años de historia, ha conocido importantes modificaciones hasta llegar a su estado actual. Por ello, cerramos estas líneas con algunas imágenes para el recuerdo de cómo era la anchura y el aspecto de la actual N-110 a su paso por el Valle del Jerte, en varios momentos del pasado siglo XX.

Navaconcejo, década de 1960 (zona de la Cruz del Llano). Imagen extraída del vídeo "Navaconcejo hace muchos años", publicado en YouTube por el usuario alvaroamores

Navaconcejo. Entrada de la carretera en la población viniendo desde Plasencia. Imagen extraída del vídeo "Navaconcejo hace muchos años", publicado en YouTube por el usuario alvaroamores

Firme de la carretera y puente de Cabezuela. Década de 1960. Imagen extraída del vídeo "Navaconcejo en los años 60", publicado en YouTube por el usuario vallejerte
Vista de la carretera a su paso por Cabezuela y puente de la misma localidad. En la fotografía se observan los bloques de piedra que hacían la función de los actuales guardarraíles ("quitamiedos"). Estos bloques de piedra fueron retirados en la década de los 80 para ser sustituidos por los actuales "quitamiedos". Fuente: fotografías del Valle del Jerte existentes en el Archivo Histórico Provincial de Cáceres. 


  
Puerto de Tornavacas. Cercanías del Hostal Restaurante Puerto de Tornavacas. Finales de 1960-principios de 1970. Imagen extraída del grupo público de Facebook TORNAVACAS


Comparativa del trazado actual de la carretera (2024) con una planimetría de 1897. Como vemos, el trazado que existe hoy entre el Hostal y el Puerto de Tornavacas, no ha sufrido ninguna modificación en su trazado, siendo el mismo que el proyectado originalmente a finales del siglo XIX.

jueves, 20 de junio de 2024

HISTORIAS DE TORNAVACAS (XV): EL WOLFRAMIO EN LA DEHESA DEL TEJADILLO

    Tornavacas cuenta, dentro de su término municipal, con cientos de hectáreas de dehesa enclavadas en sus montes y sierras. En anteriores entradas, de manera indirecta cuando hemos hablado de dos especies animales salvajes como son el lobo y el oso, ya hemos hecho referencia a algunas de esas dehesas y en la de hoy, nos centraremos en una de ellas y, más concretamente, en una actividad que se desarrolló durante los años centrales del siglo XX y que es ya bien conocida por los lectores de este blog: la extracción de wolframio.

    Esa dehesa a la que nos vamos a referir es a la del Tejadillo, que se sitúa a los pies del pico más alto de Extremadura, el Calvitero, y que históricamente ha tenido importancia por realizarse en ella variadas actividades para el sustento de los tornavaqueños, pues ha sido un espacio aprovechado por nuestros paisanos desde hace cientos de años, especialmente en lo relativo a su aprovechamiento ganadero por los abundantes y ricos pastos allí existentes. Y, es que, ya nos encontramos con una referencia a esta dehesa en el Libro de la Montería del Rey D. Alfonso XI, del siglo XIV, y sabemos también que en tiempos del Rey Carlos III (siglo XVIII) se concedió a los vecinos de la villa de Tornavacas el aprovechamiento de la misma. Ya en el siglo XIX, cuando se produjeron los procesos de desamortización (venta) de los bienes comunales y de otros pertenecientes a los ayuntamientos, algo que fue impulsado desde el Gobierno, pasó a ser adquirida por diferentes partícipes, siendo hoy, por tanto, un terreno de propiedad privada como lo son también otras de las dehesas de sus alrededores (Talamanca, la Campana...).

Ubicación de la Dehesa del Tejadillo. Visor SIGPAC del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación

    En este amplísimo espacio cuya superficie catastral es de algo más de 600 hectáreas y que, como hemos dicho, tan importante ha sido históricamente para el sustento de muchas familias tornavaqueñas, por iniciativa de algunos de sus partícipes, a finales de la década de 1940, comenzó a buscarse también aquí el codiciado wolframio, que también se extrajo en otros lugares de Tornavacas. 

    De aquella actividad, que en aquellos años supuso una importante fuente de ingresos para cientos de nuestros paisanos, aún hoy quedan testimonios materiales. Y, es que, recorriendo el terreno que se encuentra en los alrededores del paraje y arroyo conocido como Majácerezo (o del Tejadillo), cercano a lo que hoy se conoce como la "Cueva de Santiago León", nos encontramos con las primeras evidencias relacionadas con la explotación de este mineral en la zona. Por una parte, los restos de una edificación de planta rectangular que servía como casa-refugio de los paisanos que hasta allí subían a trabajar -que pasaban allí varios días seguidos dada la considerable distancia que hay entre el pueblo y este lugar-, junto con otra edificación más pequeña que hacía las funciones de almacén para guardar las herramientas e incluso la dinamita (empleada en las voladuras controladas que realizaban para fragmentar la roca y extraer el mineral), como nos lo contó ya hace años Florentino Marcos Bardón, paisano que trabajó en aquel lugar.


Restos de las edificaciones que servían como refugio a nuestros paisanos y como almacén de herramientas y dinamita

    A medida que ascendemos en altitud separándonos de la margen izquierda del arroyo de Majácerezo, encontramos las primeras catas que se realizaron para comprobar si existía wolframio. Para ello, era necesario contar con permisos de investigación que previamente debían ser solicitados y aprobados por la Administración.

Cata y escombrera de la misma

    Siguiendo con el ascenso, y a una altitud de aproximadamente 1.600 metros, es donde encontramos el yacimiento de wolframio más importante de toda la dehesa del Tejadillo, que se trata de una serie de galerías excavadas directamente sobre la roca de donde se extrajeron miles de kilos de wolframio en bruto, durante los últimos años de las décadas de 1940 y los primeros de 1950, que luego se enviaban a la localidad salmantina de Tejares en donde eran sometidos a una separación mecánica, tal y como figura en el recibo de 1953 que a continuación se adjunta, en donde se pueden observar datos de interés como la persona que tenía concedido el derecho de explotación (en este caso, Jesús Martín Ávila, uno de los partícipes del Tejadillo) y la cantidad de wolframio (1.065 kg) enviados, desde Tornavacas, para su separación electromecánica hacia la citada localidad de Salamanca.

Recibo de salida del minera de Tornavacas. Septiembre de 1953.

    Este yacimiento, en cuanto a sus características técnicas y a los minerales existentes en el mismo, ha sido objeto de estudio dentro de la publicación Mapa Metalogenético de Extremadura, impulsada por la Junta de Extremadura en 2007, y estas son algunas imágenes tomadas en aquel lugar en el mes de marzo de 2024.

Galería excavada en la roca

Perforaciones

Escombrera de la mina



Vistas de la sierra de Tornavacas

Vista general de la sierra de Tornavacas desde la umbría (zona del Destejado). Señalamos la localización de la mina

    Para finalizar, no podemos cerrar esta entrada sin señalar que estas líneas, aparte de mostrar y poner en valor un patrimonio singular de Tornavacas, también pretenden ser un homenaje a nuestros paisanos del pasado y un reconocimiento a los del presente. Como homenaje, a nuestros mayores del pasado que allí trabajaron de sol a sol, en condiciones durísimas, simplemente para obtener el sustento básico necesario para sobrevivir, y a las decenas de familias ganaderas de Tornavacas que han tenido allí sus ganados. A ellos, en gran parte, les debemos el bienestar material del que hoy disfrutamos. Y, como reconocimiento, en el presente, a los ya escasos ganaderos que siguen manteniendo, con su esfuerzo y sacrificio, habitada esta parte de la sierra. Sin ellos, y en el caso del Tejadillo de manera especial a los hermanos Buenadicha -los únicos que, a día de hoy, mantienen allí su ganado-, este gran patrimonio natural de Tornavacas estaría, desgraciadamente, en el más absoluto abandono, un estado en el que ya se encuentran cientos de hectáreas de monte y sierra que antaño supusieron el sustento de muchas generaciones de tornavaqueños.

domingo, 5 de mayo de 2024

HISTORIAS DE TORNAVACAS (XIV): EL OSO Y EL LOBO EN LOS MONTES Y SIERRAS DE TORNAVACAS

    Tornavacas puede presumir de tener en su término municipal, entre otros tesoros naturales y geológicos, el pico más alto de toda Extremadura (Calvitero, 2.401 msnm). Tornavacas, también dentro de su término, cuenta con cientos de hectáreas de monte y sierra, un enorme espacio que ha sido, históricamente, un medio muy aprovechado por nuestros antepasados. No solamente ha servido para el aprovechamiento ganadero, que ha sido el principal, sino que ha sido el medio de vida para muchos de ellos. Hoy día, con la dedicación mayoritaria al cultivo del cerezo, nuestros montes y sierras han quedado prácticamente solos, con la admirable excepción de algunas familias tornavaqueñas que aún mantienen en ellos sus cabezas de ganado.

    En esta nueva entrada, que tiene directa relación con la sierra y con los extensos montes que rodean a nuestro municipio, vamos a hablar, principalmente, del lobo ibérico, un animal que ha poblado estos espacios hasta hace escasas décadas y que, a día de hoy, hay indicios de que nuevamente vuelve a estar habitándolos.

    Desde hace siglos, este animal, siempre muy temido por los ganaderos, ha vivido en las montañas y sierras de grandes espacios del Sistema Central. Pero no ha sido el único, sino que también hay testimonios históricos que hablan de la existencia en nuestras sierras de otras especies de animales salvajes, como los osos, pues así lo confirman las referencias a este animal que se recogen en dos documentos de gran valor que a continuación citamos.

    Por una parte, en el Libro de Montería del Rey D. Alfonso XI, escrito durante su reinado (1311-1350) por encargo de este mismo monarca castellano, son varias las referencias a la existencia del oso en diferentes lugares del actual Valle del Jerte. En dicho libro se cita a topónimos (Garganta de Becedas, Collado de las Yeguas...) e incluso a núcleos de población, ya por aquel entonces existentes (Asperilla, Ojalvo, Navaconcejo, Piornal...), como lugares caracterizados por ser o tener un "buen monte de oso".

Extracto del Libro de Montería del Rey D. Alfonso XI en donde se recoge la existencia del oso en diferentes lugares del actual Valle del Jerte

    Por otra parte, en las ordenanzas de la Villa de Tornavacas de 1560, un documento de enorme valor para conocer cómo era la villa en el siglo XVI y que fueron transcritas (y publicadas en 2004) por nuestro paisano Francisco González Cuesta, se dice que, en ocasiones, las vacas eran víctimas de los osos, una especie que desapareció hace siglos de nuestros montes y sierras y que hoy solamente se encuentra en zonas del norte de España.

    Centrándonos ya en el lobo, señalar que también existen multitud de referencias históricas que nos hablan de este animal y de su presencia en nuestros montes y sierras. En el Interrogatorio de la Real Audiencia, elaborado en el siglo XVIII (1791), en la información enviada desde Tornavacas, se decía que "alguna vez se sale a matar lobos y otros animales nocivos y a buscar las camadas de cachorros en las cavernas de la sierra donde se crían". También, en los diccionarios geográficos del siglo XIX, en las descripciones ofrecidas de Tornavacas, se hace alusión a este animal. Más concretamente, en el publicado en 1833 y titulado Diccionario geográfico universal dedicado a la Reina Nuestra Señora (Tomo 9), cuando se habla de las sierras que circundan a Tornavacas, de ellas se dice que "abundan en caza mayor y menor, como también en lobos, zorros y garduñas".

    Viajando ya hacia tiempos más recientes, en el siglo pasado, el XX, nos vamos a detener en dos curiosas e interesantes referencias que hablan de la presencia del lobo en nuestro pueblo.

    La primera de ellas nos lleva a la década de 1910, más concretamente al mes de octubre de 1919, cuando un suceso ocurrido en nuestras sierras -sin especificarse el lugar concreto- saltó incluso a las páginas de periódicos de tirada nacional. "Un pastor ahoga a una loba", era el titular de la noticia que aludía a este suceso. Atendiendo a lo publicado en la prensa, citamos textualmente,

"en las sierras de Tornavacas, a eso de las doce de la noche, cuando se hallaba durmiendo el pastor Gregorio Martín Cuesta, fue despertado por un ruido que le alarmó.

Este ruido lo producían las cabras entregadas a su cuidado, que se cobijan en un corral de casi ninguna seguridad.

El pastor se dio cuenta de que estaba un lobo dentro del corral, y allá se dirigió sin arma ni palo.

Mozo robusto de veinte años, pudo sujetar a la fiera y ahogarla entre las manos. Resultó ser una loba".

Noticia publicada en El Adelanto. Diario político de Salamanca, 16/10/1919

    La segunda referencia nos lleva directamente al tiempo de la Guerra Civil, más concretamente al año de 1937. En un documento hallado por el investigador hervasense Pedro Emilio López Calvelo y que él mismo, muy amablemente, nos ha facilitado, encontramos una información de enorme interés no solamente sobre el lobo sino también sobre los espacios en los que este se encontraba. 

    Este documento, que fue enviado desde el Ayuntamiento de Tornavacas al de Hervás y que, por su interés, reproducimos al completo, dice así:

 "Estando autorizada esta Alcaldía, por el Excmo. Sr. Gobernador Civil de la provincia para dar una batida en este término municipal a los lobos, que están causando grandes destrozos en las ganaderías, se ha señalado para llevar a efecto la misma los días 10 y 11 del actual [octubre de 1937], distribuidos en la forma siguiente: el día 10 se darán en las Dehesas Tejadillo, Talamancas, Cardenal, Campana y Cerro del Palo, que limitan las mismas con los pueblos de Jerte, Hervás, Candelario, Solana y Casas del Puerto de Tornavacas [hoy Puerto Castilla], y el día 11 se batirá las Dehesas Sillares, Garganta, Angostura, Hornillo, Redondo, Asperones, Serrada y Dehesa Boyal, que limitan con Casas del Puerto, Guijo de Santa Bárbara, Aldeanueva de la Vera y Jerte.

Lo que tengo el gusto de poner en conocimiento de V.[sted] para que lo haga saber a ese vecindario a fin de que los expresados días no transiten persona alguna por los terrenos colindantes". 

Carta enviada desde el Ayuntamiento de Tornavacas al de Hervás. 05/10/1937.

     La presencia del lobo en nuestro entorno ha quedado reflejada en algunos topónimos que, aún hoy día, se siguen conservando tanto en Tornavacas como en los pueblos más próximos al nuestro: Arroyo de Lobo Negro o Peñalobos (en Tornavacas) y Hoya de los Lobos o Cuerda de los Lobos (en término de Jerte), son una buena muestra de ello.

    Y, ya para finalizar, señalar que muy seguramente estos testimonios documentales nos traigan a la memoria las historias que, sobre los lobos, hemos escuchado a nuestros mayores, pues muchos de ellos han pasado una buena parte de su vida en la sierra, como nuestro bisabuelo Pedro Cuesta Martín, protagonista del suceso narrado de 1919, cabrero y una mente privilegiada que atesoraba decenas de historias sobre estos animales que poblaban nuestros montes y nuestras sierras, esos espacios que son también un patrimonio muy valioso del que los tornavaqueños podemos -y debemos- estar muy orgullosos.